MARTA: ¿Te acordás esas tardes que pasábamos estudiando juntos?¡¡¡Qué tiempos aquellos!!! (Recuerda
con felicidad, pero en un instante su rostro se muda y entra la preocupación y la duda.) ¿Pero no estamos grandes para esto?
RICARDO: ¡No, Marta! Somos dos pibes todavía, tenemos mucho por delante. ¿Qué opinás?
MARTA: Me parece…que no vale la pena, ya a estas alturas, con toda una vida hecha.
RICARDO: (Cariñosamente intenta convencerla.) Pero mi amor, ¡me parece que sí!, hemos postergado tantas cosas por criar a nuestros hijos, este es el momento de retomar nuestros sueños y ser un ejemplo para nuestros nietos.
MARTA: No lo vamos a lograr, Ricardo. (Temerosa.)
RICARDO: ¿Por qué no, Marta? ¡Me revienta darme por vencido así nomás!
MARTA: ¿Qué así no más? ¿Cuántas veces más lo querés intentar? Esta es la tercera.
RICARDO: No sé, las que hagan falta, ya me conocés Marta, cuando me propongo hacer algo, lo hago.
MARTA: Bueno, si te parece dale, anotémonos. (Con gesto de desgano.)
RICARDO: Así no, así no se puede. Siempre me seguiste en todo y fuiste pilar en todos estos años pero si ahora no estás segura, no quiero que esto sea una carga para vos.
MARTA: Intentémoslo. ¿No era eso lo que querías?
RICARDO: Vos sabés muy bien qué era lo que quería. Lo que quiero es tener por lo menos una posibilidad, si no, no.
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