Brasil
En la década de los 90 el Gobierno brasileño procedió a privar a Petrobras de sus funciones
reguladoras, entregándoselas a la recién creada Agencia Nacional del Petróleo, con lo cual se
acabó con el monopolio estatal, abriendo el sector a empresas privadas. El Estado tiene un 30%
de la propiedad, pero unos derechos políticos del 55%.
Ha contado en los últimos quinquenios con una muy buena inversión, lo que ha hecho que elevase
enormemente su capacidad de producción, haciendo que el país se convirtiese en autosuficiente
entre los años 2006-2007 (en ese momento la economía brasileña requería unos 1,85 millones de
bpd). Pero como punto negativo hay que decir que sigue siendo muy dependiente del gas
boliviano.
Chile
La situación energética de Chile es bastante más comprometida que la de Brasil. De partida
produce menos del 4% y del 20% del petróleo y del gas que consume.
Argentina incumple de forma reiterada los contratos firmados, al tener que decidir entre asegurar
su abastecimiento interno o reducir los volúmenes de exportación a Chile, optando por esto
último. Esto es debido a que no aumenta su capacidad de producción e incluso. Disminuye, debido
a la falta de inversión.
Sin embargo, el conflicto más complejo al que debe enfrentarse Chile es con Bolivia. En los años
iniciales de la actual década, los gobiernos bolivianos consideraron la idea de trasladar gas hasta
un puerto chileno, licuarlo y enviarlo a los mercados de México y EEUU. Este proyecto, cuya
racionalidad económica parecía fuera de dudas, se vio imposibilitado por razones políticas. A
partir de los gobiernos de Carlos Mesa y Evo Morales, la política, en su relación energética con
Chile, se ha ajustado a la consigna de “ni una molécula de gas mientras no haya mar”. Lo anterior
ha significado, para Chile, el término de la oferta boliviana. Sin embargo, en semanas recientes,
al firmar Argentina contratos de importación de gas boliviano ha podido dar un alivio a Chile, a
través de una solución “victoriana” en que “moléculas” de gas boliviano abastecen el consumo
de los argentinos, lo que libera “moléculas” argentinas de gas natural que ahora pueden abastecer
a Chile.
Finalmente, en la relación con Perú, la posibilidad de un gasoducto que conecte las reservas de
Camisea con el norte del país no interesa a Perú, debido a que estima que la suma del consumo
doméstico más el proyecto de Gas Natural Licuado no dejan gas disponible para vender a Chile.En
éstas condiciones, Chile ha desarrollado una activa política de diversificación de su matriz
energética, que se traduce en un renovado impulso a las plantas hidroeléctricas en el sur del país,
el fortalecimiento de las centrales termoeléctricas a carbón y de ciclo combinado.
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