En síntesis, la “diplomacia del petróleo” del chavismo tiene lugar en un marco específico, bajo
muchos conceptos adverso, como lo indica el estancamiento de los niveles de producción, la
subinversión, la incapacidad para atraer niveles significativos de inversión privada, la politización
y mala administración de PDVSA y la presencia de crudos ultrapesados. En estas condiciones
depende de los actuales altos precios del petróleo y sólo es posible mientras esta situación se
mantenga. Una caída significativa de precios no podría ser compensada, al menos en el medio
plazo, por aumentos de producción de crudo. Mucho menos por el dinamismo de otros sectores
de la economía, pues el régimen chavista no ha sabido utilizar la actual coyuntura favorable de
precios para financiar un desarrollo autosostenido de otros sectores de la economía.
Acuerdo Venezuela-Cuba
Venezuela exporta a Cuba aproximadamente unos 90.000 bpd, a un precio estimado que es dos
tercios del valor del mercado. Por su parte, Cuba consume unos 120.000 bpd, pero produce
internamente unos 80.000 bpd. Por lo tanto, quedan unos 50.000 bpd que Cuba puede exportar a
los mercados mundiales.
A cambio de dicha ayuda petrolera, Venezuela recibe entre 30.000 y 50.000 profesionales
cubanos, especialmente en las áreas de medicina, educación y deportes. Dicho intercambio de
“petróleo por trabajadores cualificados” es considerado como muy favorable por ambos
regímenes.
Bolivia
La llegada al poder de Evo Morales en el año 2004 provocó que el 1 de mayo de dicho año se
dictara un decreto de nacionalización que fijó un plazo de 180 días para que las empresas
petroleras que decidan continuar en el país firmen nuevos contratos con el Estado que garanticen
el control y dirección estatal de sus actividades. La medida fue acompañada de cambios en la
participación de las empresas en el producto de las explotaciones, que fue redistribuido de modo
de entrega, tratándose de los yacimientos de mayor producción, un 82% al Estado boliviano y un
18% para ellos. En el caso de los yacimientos menores esos porcentajes varían a 60% y 40%. En
éste proceso las dos empresas más afectadas fueron la española Repsol y la brasileña Petrobras.
La reacción brasileña fue dura, produciéndose un claro distanciamiento entre Morales y Lula da
Silva. As