Pets Experts Magazine Septiembre 2026 | Page 15

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interpretó como un episodio de ansiedad; jirafas, flamencos y babuinos se agitaron y buscaron agruparse, como si percibieran una amenaza. La escena más llamativa fue protagonizada por las tortugas gigantes de Galápagos, que aprovecharon la repentina penumbra para aparearse. Sin embargo, cuando el mismo equipo repitió el experimento en 2024 en un zoológico de
Texas, esta vez cerrado al público, esas reacciones tan intensas no volvieron a producirse con la misma fuerza. Esto llevó a plantear que buena parte de la alteración observada en 2017 pudo deberse tanto a la presencia y el entusiasmo de los visitantes humanos como al propio fenómeno astronómico. Otros estudios han documentado comportamientos similares fuera de los zoológicos: mascotas que se adormecen creyendo que ha llegado la noche, coyotes que aúllan al notar la oscuridad repentina, o animales de granja que se paralizan o dejan de comer, como se observó en Turquía durante el eclipse de 1999. En esa misma ocasión, las gaviotas interrumpieron el vuelo y los gorriones dejaron de cantar. El comportamiento de las aves ha sido especialmente estudiado. Durante el eclipse de abril de 2024, cientos de grabadoras bioacústicas equipadas con inteligencia artificial registraron el canto de las aves en distintas zonas de Norteamérica. Los datos mostraron que, en las áreas donde la oscuridad fue casi total, los cantos disminuyeron notablemente, para luego reactivarse con fuerza en cuanto regresó la luz, como si comenzara un nuevo amanecer. También se han registrado episodios llamativos con otras especies: jirafas que echan a correr en Zambia temiendo a sus depredadores nocturnos, o un grupo de chimpancés que, durante un eclipse anular en 1984, trepó a lo alto de su recinto para observar el cielo, señalando hacia el sol con gestos casi humanos.
Así reaccionan los animales ante un eclipse solar.