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PETS EXPERTS 17
CUATRO PATAS
Para muchas personas con diversidad funcional, el primer gran obstáculo es simplemente salir a la calle. A las barreras arquitectónicas se suma la incertidumbre:“¿ y si me caigo y no hay nadie?”. Ahí entra el perro de asistencia, un compañero cuyo impacto va mucho más allá de las tareas para las que fue entrenado.
SEGURIDAD E INDEPENDENCIA: EL EMPUJÓN PARA CRUZAR LA PUERTA
El perro brinda apoyo físico, reduce la probabilidad de incidentes y, si ocurren, sabe ayudar o avisar. Además, necesita pasear, y ese empujón motiva a su tutor a salir incluso en los días más difíciles. Con él, la persona depende menos de ayudas externas, técnicas y humanas. Muchos tutores lo describen como una prolongación de su cuerpo:“ es mis ojos”,“ es mis piernas”,“ es mis oídos”.
UN ALIADO CONTRA LA TRISTEZA Y LA ANSIEDAD
La depresión y la ansiedad son más frecuentes entre las personas con discapacidad, debido a las limitaciones en su autonomía y en sus interacciones sociales. Convivir con un perro activa respuestas neuroquímicas: aumenta la oxitocina y disminuye el cortisol, lo que genera calma y bienestar. A esto se suman la rutina y la actividad física que implica cuidarlo. Si el perro es de asistencia, estos beneficios se multiplican.
UN RESPIRO TAMBIÉN PARA LAS FAMILIAS
La discapacidad también pesa sobre familiares y cuidadores, que enfrentan estrés, preocupación constante y, a veces, culpa. Aunque la bibliografía apenas aborda este aspecto, un pequeño grupo de familiares consultados coincidió en que se sienten más felices, tranquilos y seguros cuando su ser querido sale con su perro, porque sabe que no está solo. La muestra es reducida, pero el mensaje es claro.
UN TÁNDEM QUE TRANSFORMA VIDAS
Los perros de asistencia mejoran la vida de sus tutores en lo físico, lo social y lo emocional, y devuelven tranquilidad a quienes los rodean. Eso sí, siempre partiendo de que el perro es un miembro más de la familia y de que el beneficio es mutuo.