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EN EL SIGLO XV
YA TENÍAN NOMBRE
Un manuscrito medieval lo prueba. Los perros ya tenían nombre.
Poner nombre a los perros no es una costumbre moderna. Un manuscrito inglés del siglo XV, analizado por el académico David Scott-Macnab de la North-West University de Sudáfrica, contiene un inventario de 1.065 nombres de perros de caza ordenados alfabéticamente. El documento, fechado entre 1460 y 1480 y vinculado a la familia Dansey de Herefordshire, no es un lujoso tratado de caza sino una compilación de uso práctico que incluye también consejos de cetrería y agricultura.
DE AQUILES A FILTHE
La variedad de los nombres es llamativa. Algunos proceden de la mitología y la historia clásica: Absolón, Héctor, César o Lanzarote. Otros describen rasgos físicos o de carácter, como Blanche( blanca), Sturdy( robusto) o el irónico Filthe( suciedad). Los hay también inspirados en profesiones-Capteyne, Duchesse, Sexteyne- e incluso en la música, como Armonye o Symbale. El hecho de que cada perro de la jauría tuviera un nombre individual revela que estos animales eran reconocidos y tratados como individuos, no como simples herramientas de caza.
LA PASIÓN MEDIEVAL POR LOS PERROS
La caza era en el siglo XV una de las actividades de ocio más prestigiosas entre la nobleza, y los perros ocupaban un lugar central en ella. El conde de Foix Gastón Phébus llegó a tener jaurías de más de 1.500 perros y los describía como la criatura más leal y razonable que Dios había creado. El manuscrito también esconde curiosidades lingüísticas: el uso de la“ w” en lugar de la“ u” en algunos nombres apunta a influencia fonética galesa, y aparecen neologismos sin registro en ningún otro diccionario medieval. Una prueba más de que el vínculo sigue siendo irrompible.