Pets Experts Magazine Julio 2026 | Seite 11

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DE NOÉ

Animales hacinados, dueños que no ven el problema.

A

finales de 2024, las autoridades entraron en un piso del madrileño distrito de Chamartín donde una mujer convivía con 74 gatos en condiciones insalubres. Varios murieron poco después del rescate. El caso acaparó titulares durante días, pero se trató de uno más entre los cientos que se registran cada año en España y en el resto del mundo: el síndrome de Noé, lejos de ser un fenómeno marginal, está en aumento. El trastorno-similar al síndrome de Diógenes, con el que a veces se solapa- consiste en la acumulación compulsiva y desproporcionada de animales. Quienes lo padecen no solo conviven con decenas de perros o gatos en espacios reducidos: son incapaces de atender sus necesidades básicas y, en la mayoría de los casos, ni siquiera reconocen el problema.
UN PROBLEMA QUE SE MULTIPLICA SOLO
La RSPCA británica respondió el año pasado a 4.200 alertas de maltrato que implicaban a al menos una decena de animales en una misma dirección. Solo en Inglaterra y Gales, los incidentes con múltiples animales han crecido un 70 % desde 2021.
Las consecuencias para los animales son severas. Viven hacinados, entre excrementos y con graves problemas de salud: heridas, enfermedades infecciosas, parásitos y desnutrición. En
Inglaterra se llegaron a rescatar 250 caniches de una sola vivienda. La imagen que difundió la RSPCA era tan impactante que la organización tuvo que salir a desmentir que hubiera sido generada por inteligencia artificial.
BUENAS INTENCIONES, FINAL DRAMÁTICO
El problema no se limita a Reino Unido. Alemania notificó 147 casos en un año con más de 8.900 animales afectados-unos 2.000 más que el ejercicio anterior-. Corea del Sur y Estados Unidos también apuntan a una tendencia al alza. En España, un estudio de la Fundación Affinity ya advertía en 2014 que el perfil más habitual es el de una persona mayor, socialmente aislada, que acumula una media de 50 animales, con el 75 % de ellos en mal estado. La RSPCA apunta a tres factores que alimentan el fenómeno: el encarecimiento del coste de la vida, el aumento de los abandonos y las malas prácticas de cría. A ellos se suma un trasfondo de salud mental que hace especialmente difícil la intervención: quienes padecen el síndrome suelen empezar con buenas intenciones y acaban siendo los últimos en pedir ayuda.