Viacrucis
Volando con la imaginación
Viacrucis
Juan David Landazábal . Décimo grado Primer puesto concurso de relato .
Volando con la imaginación
DON ANTONIO : « Yo iba para Matanza .».
Traía un paño blanco . Lo sostuvo con fuerza . Aquel permitíale hablar , aunque sombríamente . Su crónica fue contundente , por ello , se encontró fundamental en la resolución del homicidio . Continuó , llenándose de sudor . Se tocaba el crucifijo que tenía en el cuello , parecía rezar dentro de sí .
DON ANTONIO : « Lo abrigaba una ruana y andaba a caballo . Me detuve para mirarlo desde allí , porque , bien sabrá usted , es extraño que un hombre esté en la plaza cuando la luna yace en el centro , más raro todavía que fuerce un pórtico , y que ese dé entrada a la casa cural . Me aparté un rato , porque principió la lluvia , descansé bajo un árbol espeso . Después , recogí el lecho sobre el que me recosté , distinguí de nuevo al hombre , que empujaba la puerta con destreza . Resultó que tendí de nuevo el tejido y lo esperé . Dios había previsto que siguiera el rastro del animal y , habiéndolo hecho , encontré piezas de oro en el patio de la casa frente a la escuela .».
Ordóñez , que fungía como alcalde solo temporalmente , reconoció al instante que en la vivienda residían los Bretón . Levantóse y , de un cajón , apartó la recompensa : doscientos pesos .
Don Antonio la miró con disgusto , pero aceptó que le correspondía . Confesó , al salir , que le pesaba enriquecerse con la denuncia . Un párroco le confortó : « Dios ha gratificado tu nobleza . Eres un hombre recto y , con justa razón , has de merecer el obsequio de Tu Padre , que observa , desde el cielo , la desgracia que ha permeado esta villa . El Señor les ha asegurado a sus fieles la redención de esta advocación . Tu acto de fe purificará la memoria de Nuestro Pastor , don Eloy Valenzuela .».
Cerca de ellos había una señora que , lamentándose , repetía el rezo del sepulcro , aquel que la Iglesia oficializaba para el fallecimiento . Pero , aunque hablaba , su oración era ininteligible . Más allá , en las escaleras de piedra del recinto , lloraba silenciosamente un niño , Ambrosío García , que servía al anciano de noche . Escribía en la piedra de una forma inusual , tenía una tiza : « Fue en Noviembre , en 1834 ».« Tú fuiste mi fiel compañero en la vida y , también , has venido a serlo en mi muerte .». La multitud estaba atiborrada en la plaza . En efecto , la muerte del eclesiástico movió a la feligresía , pues nunca en su brevísima historia se habían visto de modo semejante .
Ordóñez preparó las notificaciones . Recordó la solemnidad del acto fúnebre , que vislumbraba aún con distintiva lucidez . Ojeó la última estrofa del cántico de Vásquez que había sido compuesto y transcrito aquel día . El desplazamiento del verso se le parecía al filo de una navaja .
La lluvia , espesa y agria , se adhería , y las nubes tejieron su velo lúgubre sobre el claro . Las espinas , como bóvedas góticas , emergían ; los pináculos de las rosas se alzaron sobre su esbelto fragor , y los aromas húmedos se proliferaron mortíferos . Los luceros cayeron , y se secó el agua en el cielo .
Llegó , a sí , mientras escribía , de nuevo , la narración de don Antonio , y advirtió que cuando Higinio y José Ignacio se acercaron al clérigo , herido y agonizando , él les señaló la cruz en la frente , gesto que dilucidaba el perdón conciliado — pensó Ordóñez —. Murió al exhalar Ave Maria , gratia plena . Terminó . Se dio orden de aprehenderlos . Desde entonces , se inició la investigación y , con ello , se deshizo la intranquilidad , pues se anunció el emprendimiento de tal averiguación .
MATÍAS BRETÓN : « Higinio llegó teñido en sangre . Traía las manos rojas . Cuando me vio salir , tiró el arma . Me pareció que era un puñal . José Ignacio estaba lleno de joyas . Se había colocado algunas . Otras las traía entre la ruana , hinchada por tanto oro . Me rogaron que los salvara — matamos al Cura —. En efecto , el presbítero había muerto , como mártir , en el lecho de su senectud . Le amargó un acto impulsivo de irracionalidad . Según oí , los perdonó . Los desgraciados le besaron la frente antes de cerrar el ataúd de roble , donde ahora descansa el cuerpo del Santo . Tuve que esconder las joyas esa noche . No tuve elección . Por eso acudí al silencio . Por ello callé .».
También Matías habría de enfrentar el juicio .
JOSÉ IGNACIO BRETÓN : « Caí , con Higinio , en habladurías . Decían que el acaudalado filósofo , don Eloy Valenzuela , acababa de firmar la sucesión y que en su casona , próxima a la capilla , había ubicado un botín . Un sartal de alhajas de oro de finísima naturaleza , de la más pura e incorruptible procedencia . Murmuraron que el tesoro antedicho contenía dijes obsequiados por el mismísimo Bolívar y piezas de la expedición con Mutis .
Creímos , ciegamente , que podríamos venderlas por costos altísimos en la capital . La ambición nos embulló e hicimos lo que ya es conocido por toda la provincia .».
Llamaron a los sindicados . José Ignacio llegó andrajoso : se veía enfermo . Matías estaba palidísimo . Su tez se asemejaba a la de una hoja de papel . A Higinio , por su parte , se le miraba sereno . Se expidió la disposición del Tribunal . Para ello , otorgáronles un defensor , que ejercía la retórica , y ordenáronles acudir a la oficina , que se ubicaba en Girón . El hombre les sugirió achacarle la responsabilidad a uno de los tres . Higinio , que se compadecía del ánimo de sus hermanos , se comprometió . Adquiriría , pues , la culpa en absoluto o , bien , en su mayoría . Profirió , por ello , que , aunque el texto constitucional no lo establecía abiertamente , a menudo se inscribía el cuerpo supliciado y se corregía a través del desmembramiento .
Higinio Bretón fue condenado , el 9 de diciembre de 1834 , a muerte en la plaza mayor de Bucaramanga .
A Matías y a José Ignacio los entregaron al presidio en Cartagena .
Ratificada dicha sentencia , se le paseó hasta el lugar desde el Juzgado en Girón . Allí lo acompañó la vindicta . Se le auxilió hacia la retractación de un alma aparentemente purificada por el arrepentimiento , que , habiéndose extirpado del pecado , extendióse rogativamente , y de rodillas , ante la familia de la víctima . El espectáculo , que reconoció en Higinio cierto valor divino , resquebrajó la susceptibilidad del Fray Nepomuceno , quien lloró conmovido . La sombría fiesta punitiva se le aproximó con notable impavidez . Le vistieron con la túnica de los condenados , que , aún tan blanca como la grana , poseía manchas rojas . Se determinó que , por ello , su vida habría de acabar , bien simbólicamente , contigua a la alcoba en que se dio la génesis de su traición , pues fue situado justo frente al solar de la casa cural . Le vendaron los ojos . Le dieron vino . La lectura del manuscrito coincidió con la descarga de los verdugos , y , a su vez , con las campanas que anunciaron su óbito . Después ocurrió el fusilamiento ; se le decapitó y , como alegó el joven jurista , se le desmembró .
La cabeza se exhibió en el centro de la plaza y una mano se clavó en la puerta que conducía al lugar del robo . La cabellera rubia se deshizo conforme pasaron los meses y , cumplido el año , sin previo aviso , se retiró de la jaula el cráneo putrefacto de don Higinio Bretón , que perseveraba de escarmiento en la memoria del poblado .