Las inundaciones de Valencia han puesto al descubierto las deficiencias importantes de los sistemas españoles de preparación y respuesta ante catástrofes. A pesar de conocerse desde hace tiempo la vulnerabilidad de la región, los proyectos de infraestructuras críticas quedaron inacabados o se ejecutaron de forma deficiente. Estas deficiencias son un reflejo de desastres similares, como las inundaciones de 2007 que afectaron a zonas como Baleares y Andalucía y mostraron cómo una respuesta de emergencia mal coordinada puede empeorar la desolación. Las arrasadoras inundaciones registradas en estas regiones nos recuerdan que la falta de actuación ante alertas tempranas, de mejora de las infraestructuras y de coordinación de las respuestas puede tener consecuencias catastróficas. En adelante, España debe mejorar las infraestructuras y los protocolos de defensa contra las inundaciones, especialmente en los municipios vulnerables. Debe existir un sistema cohesionado de respuesta ante las emergencias que pueda actuar de inmediato, sin retrasos burocráticos, una vez que la catástrofe sea inminente. Reforzar los sistemas de alerta temprana para proporcionar información clara y procesable es otro paso clave, al igual que introducir la presencia de meteorólogos en departamentos de protección civil, para trasladar la información científica a otros responsables y proteger eficazmente a la población civil. La desconfianza pública en el gobierno, derivada de la falta de defensa, preparación y socorro, se ha visto exacerbada por el cruce de acusaciones entre los gobiernos nacionales y regionales. Estas riñas políticas, en un momento en el que los españoles se unieron para apoyarse mutuamente tras tantas pérdidas, pone de relieve la necesidad de que los gobiernos del país fomenten un frente unido, no sólo a la luz de los problemas que las inundaciones han traído a Valencia, sino también a medida que la amenaza de la emergencia climática se hace más fuerte. La crisis climática no puede ignorarse. Los expertos llevan tiempo advirtiendo de que el cambio climático está contribuyendo a la frecuencia y gravedad de los fenómenos meteorológicos extremos. Tras las inundaciones, es urgente que España, y otros países, adopten políticas climáticas más ambiciosas y que refuercen la resiliencia frente a las catástrofes naturales. Si no se abordan estos retos, las inundaciones serán más frecuentes y devastadoras. En definitiva, las inundaciones de Valencia representan una oportunidad crucial para que España reconstruya sus infraestructuras, replantee su enfoque de la gestión de catástrofes y predique con el ejemplo en la lucha mundial contra el cambio climático. Las dolorosas lecciones de esta tragedia deben guiar la acción futura, para
49 proteger a las comunidades vulnerables y crear un futuro más sostenible.