APRENDIENDO Y
ENSEÑANDO
EN TIEMPOS DE PANDEMIA
Cuando me preguntan qué significó el tiempo de cuarentena y hacer clases
virtuales, respondo, que como para todos, fue un cambio radical en mis
hábitos, costumbres, rutinas, y pensamientos. Pensar en la cuarentena, es
considerar un tiempo especial, es un tiempo de metamorfosis. Dios nos
puso en el lugar donde debíamos estar, para resolver algo pendiente. Significó encontrarme
conmigo misma, con mis miedos, limitaciones y miserias. Inicialmente
sentí, que era un tiempo de preparación, para algo especial, para tomar valor, quizás
resolver conflictos internos, para tomar decisiones, a nivel personal, laboral y
familiar. Estuve más de 40 días en el lugar, que Dios eligió para mí, fue un tiempo
para evaluar mi vida y lidiar conmigo misma, con mis temores, alimentarme de
paciencia y positivismo, fue una oportunidad para mirarme sin hipocresías, ni contemplaciones,
reconocer mis debilidades y fortalezas, lidiar con la tecnología fue y
es mi mayor reto, sentir que el mundo puede detenerse en un minuto, era el pensamiento,
que más me atormentaba, que todo lo planificado puede cambiar de la
noche a la mañana, que no somos nada sin Dios, sin tu familia, sin una oración de
fe y esperanza. Me hizo valorar la vida, un abrazo, un saludo cercano, la salud, la
libertad, lo cotidiano, el día a día y lo simple de las rutinas,
Como docente fue un gran reto llegar a mis P.P.F.F. y estudiantes, me sentí con las
manos atadas, limitada, extraña, lejana, incapaz de poder realizar el primer video
con un mensaje de aliento y esperanza, cuando yo misma necesitaba un soporte
emocional. Fueron largas noches de preparación de videos, audios, tutoriales, con
la gran misión de llegar a mis alumnos, con mucha ilusión de
verlos y lograr que se sientan satisfechos y participen vía online,
con orden y entusiasmo. ¡Qué emoción verlos!, escuchar
sus frases hermosas llenas de cariño. ¡Misión cumplida!, ¡lo
logré!, me escucharon, me entendieron, están felices. Fue la
mejor recompensa, lo bueno de ellos, es que no mienten, a
sus 5 años son muy sinceros y si algo los aburre simplemente
lo dicen. Sus peticiones humedecieron mis ojos, pedían verme,
jugar en el jardín y abrazarnos, Cada día me alimenté de
sus buenos deseos y alegría, ellos son una gran motivación y
el más grande soporte, valió la pena invertir largas noches y
fines de semana en reuniones de programación, el gran esfuerzo
de trabajar y a la vez aprender.
Gracias Dios, por el trabajo que me diste, es una bendición
contar con esos pequeñitos, siempre han sido mis mejores
maestros y mi más grande inspiración, me motivan a seguir
adelante y dar lo mejor de mí, su cariño incondicional y sus
frases sinceras, alimentan mi alma, me llenan de fe y esperanza.
Espero que esta crisis saque la mejor versión de nosotros
y podamos ser como los niños: llenos de ilusión y mucha
inocencia. Ni un minuto he dejado de extrañarlos, recordar
sus caritas amorosas, sus abrazos y besos, sentirme la reina
del salón, ¡Qué Dios bendiga a cada una de estar personitas
¡y me siga bendiciendo, permitiéndome estar cerca a ellos y
disfrutarlos. En este tiempo que muchas cosas han cambiado,
el amor de un maestro sigue intacto, así como su capacidad
de aprender enseñando. Si después de esta pandemia
no somos mejores personas, entonces no hemos aprendido
nada.
FELIZ DE SER MAESTRA
Alicia Trujillo Velásquez.