PaCO 031 - SEPTIEMBRE 2019 PaCO 031 - SEPTIEMBRE 2019 | Page 58
Con Naide Nóbrega
Conocí Torquemada -Torque
para los íntimos- para visitar el fa-
moso puente por donde Juana La
Loca pasó, en 1507, con el corte-
jo fúnebre de su marido, Felipe El
Hermoso. El mismo sitio donde,
tres siglos después, los hijos del
pueblo opusieron heroica resis-
tencia a las tropas napoleónicas,
aunque los franceses consiguiesen
entrar en la villa a sangre y fuego.
Un puente que sigue presenciando
historias y guardándolas como ta-
tuajes dibujados en su firme piel de
piedra. Un precioso puente sobre
el Pisuerga con 25 ojos del pasado
que miran al futuro.
También visité la majestuosa Igle-
sia de Santa Eulalia, donde está la
pila en la que el Cardenal Cisneros
bautizó a Catalina, hija de Juana,
que sería un día la Reina Catalina
de Portugal. Una mujer conocida
por su gran corazón, lo que no me
extraña, por haber nacido en una
tierra de gente tan maja. Un poco
de ese buen rollo llevaría Catalina
en el alma.
Si esto no bastara ya, conocí la
ermita románica de Santa Cruz,
ubicada en el cementerio, y que
inspiró al gran José Zorrilla (nieto
del pueblo donde pasó muchos
veranos) para escribir su cuento de
La mujer negra.
Desde entonces, ya volví muchas
otras veces porque quiero seguir
viviendo Torquemada con todos
los sentidos.
Estamos a las puertas de la Fe-
ria del Pimiento, una oportunidad
preciosa para saborear Torque,
principalmente, claro, su famoso
fruto autóctono, reconocido sobre
Torquemada por
los cinco sentidos
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Minas de yeso en Torquemada. Foto: Juanpa Ausín
todo por el grosor de su carne, sus
colores espectaculares, su dulce
sabor y sus característicos cua-
tro morros. Para continuar con la
gastronomía de la villa, tenemos
el queso, la cerveza y el vino. ¡Jo-
lines! ¡Es mucho patrimonio gas-
tronómico para una sola localidad!
¡Nos toca disfrutarlo, pues!
Por cierto, hay que conocer el
vino de hielo. Por si no lo sabes,
sólo tres bodegas de España pro-
ducen este vino dulce, fruto de una
vendimia tardía, generalmente en
diciembre, con las uvas congela-
das. Hay que degustarlo despacio
y de ojos cerrados. De preferencia,
escuchando la buena música que
mana de los instrumentos de Fe-
derico Acitores y Ana María de la
Cruz, iconos de la organería ibéri-
ca, con un taller que nos enorgu-
llece a todos. Es decir: Torquema-
da también tiene su buena música.
Para ir acabando, os recuerdo
el santuario de Nuestra Señora
de Valdesalce, el Museo Bustos,
las tradicionales bodegas y las
pintorescas minas de yeso que
conocí recientemente. Vale la
pena arriesgarse un poquitín para
subir al monte y caminar por las
galerías excavadas a pico y pala,
aunque no reúnan las mejores
condiciones para visitas turísticas.
Ojo: es mejor ir con uno que sepa
verdaderamente donde se mete.
Con la hospitalidad típica de los
“rabudos”, a mí me llevó un ami-
go que recorre este terreno desde
niño. En el exterior, contemplamos
pájaros, corzos, conejos y toda la
naturaleza local. Un día precioso
que desembocó precisamente en
estas líneas. ¡Id a Torquemada!
Para ver, tocar, oír, oler y saborear
a lo grande.
* Dedicado a mi querida amiga
Sonia García Lerma.