Gibraltar es generalmente asociado al promontorio
natural de 423 metros de roca caliza y a los maca-
cos de berbería que componen la única población de
monos salvajes de toda Europa. Rara vez se piensa
en el hecho de que existen 150 cuevas en así como
57 kilómetros de túneles en una península de ape-
nas 6,7 kilómetros de largo.
Al visitar Gibraltar, los turistas suelen recorrer la
calle principal, subir al teleférico, hacer un recorrido
en taxi o mini-bus, subir andando a la parte alta o
pasear por los bellos jardines de la Alameda. A media
subida se encuentra St Michael Cabin, una encanta-
dora cafetería que ofrece una selección de suvenires
turísticos así como la posibilidad de comer algo.
St Michael’s Cabin sirve e breve parada donde
decidir si seguir subiendo hacia la parte alta, bajar
hacia la luminosa cueva de San Miguel o decantar-
se por ambas opciones.
La cueva de San Miguel es sin duda la más visi-
tada de Gibraltar, acumulando cientos de miles de
visitas al año. Sus enormes formaciones de estalac-
titas y estalagmitas, formadas a lo largo de millones
de años con el goteo de agua desde el techo, cons-
tituyen su atractivo fundamental.
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Las estalagmitas y estalactitas están iluminadas
con diferentes colores de cara a conferirles un aspect
aún más vibrante e interesante. Para quienes desco-
nozcan la diferencia, la estalagmitas se elevan desde
el suelo en tanto que las estalactitas caen del techo.
En años recientes, este lugar de interés turístico
ha sido convertido en escenario de diversas actua-
ciones, desde el baile a los concursos de belleza
pasando por espectáculos de comedia con artistas
como Jimmy Carr y espectáculos como el Gibraltar
World Music Festival.
La cueva fue habilitada como hospital de urgen-
cias durante la segunda Guerra mundial y aunque
nunca llegó a ser utilizada a tales efectos, en 1942
se consensuó la necesidad de abrir tanto una entra-
da alternativa al hospital, para facilitar la entrada
de corrientes de aire, como una salida alternativa
para evacuaciones ante eventuales ataques aé-
reos. Durante los trabajos de excavación realizados
por el cuerpo de Ingenieros Reales tropezaron con
la zona inferior de la cueva, Lower St Michael’s, y
ello abrió la posibilidad de realizar nuevas explora-
ciones y zonas que a día de hoy siguen fascinando
a los visitantes.
OTWO 08 / MARCH 2020
Un dato interesante, sin embargo, reside en el
hecho de que la parte alta de la cueva está “muer-
ta”, ello significando que crece más por estar ya
seca y un motivo adicional para mantener la ilumina-
ción sobre las estalactitas y las estalagmitas. Esta
situación se debe al viento entrante por la entrada
alternativa así como al calor generado por las millo-
nes de visitas anuales.
Al tratarse de una jornada bastante fresca,
consideré oportuno abrigarme con un jersey y una
chaqueta. De camino a la cueva para encontrarnos
con nuestro guía, Steve Payne de Barbary Rock
Adventures, advertí que la directora de OTWO, Va-
nessa, vestía simplemente una camiseta y un jersey
relativamente fino. Le pregunté si esa indumentaria
bastaría para entrar en la cueva baja de San Miguel,
insistiendo en dar por hecho de que se trataría de un
recinto muy frío. Luego descubriríamos que la tem-
peratura oscila siempre entre los 17 y los 19 grados
celsio, tanto en verano como en invierno, con lo cual
ponerse una chaqueta demasiado gruesa garanti-
zaría sudar la gota gorda, como si de una sauna se
tratara.
Éramos un equipo de seis miembros. Steve y un
OTWO 08 / MARCH 2020
asistente nos facilitaron sendos cascos de seguridad
ante el riesgo de que nos cayera encima roca del
techo o chocásemos involuntariamente con alguna
estalactita traicionera en alguna de las partes más
complicadas del recorrido (no son demasiadas).
También fuimos equipados con linternas para usar
en las partes más oscuras.
Steve consiguió que la experiencia resultase
interesante en todo momento, proporcionándonos
información acerca de la historia de las cuevas e
invitándonos a que usáramos la imaginación para
aplicarla a las formas que veíamos en las rocas, su
variedad de formas y tamaños. Hubo tiempo para las
bromas y nuestra seguridad fue prioritaria en todo
momento.
A diferencia de la cueva alta, la parte baja de San
Miguel sigue viva, llena de musgo y en permanente
crecimiento. El recorrido duró tres horas y cinco mi-
nutos, desde las 4:40 hasta las 7:45. A tenor de esa
información se podría pensar que se trata de una
cueva realmente larga en extensión. Pero en reali-
dad su longitud es de apenas 200 metros, aunque da
la sensación de ser mucho más grande.
Al llegar afrontamos una escalera de acero y
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