La provincia de Cádiz es un destino turístico con-
solidado y con una demanda creciente —más de 5
millones de turistas en 2019— vinculada principal-
mente al turismo litoral. Ha desarrollado una oferta
de alojamientos y otros servicios turísticos acorde a
esa demanda, con un nivel de calidad también cre-
ciente. Tanto es así, que, como refleja la encuesta
de Coyuntura Turística de Andalucía, la oferta de las
playas gaditanas es la mejor valorada entre los visi-
tantes al litoral de la región.
No obstante, la elevada dependencia del turismo
de sol y playa provoca también una elevada presión
sobre el territorio y muestra cada vez más claros
signos de saturación del recurso turístico y de las
infraestructuras. El vector ambiental de esa crecien-
te presión se refleja en indicadores como la ocupa-
ción del suelo, la desaparición de hábitats litorales,
la demanda de agua, la capacidad de depuración
de aguas residuales y de gestión de residuos, el
consumo energético, la movilidad motorizada… Si
incluso para la población residente, esos aspectos
han presentado históricamente serias carencias en
la franja litoral, el creciente aumento de la pobla-
ción visitante hace inviable el mantenimiento de los
indicadores ambientales dentro de los límites de la
sostenibilidad.
Igualmente, la presión turística en algunas zonas
del litoral de la provincia empieza a evidenciar im-
pactos sociales tales como el agravamiento de las
dificultades de acceso a la vivienda, la saturación
de los servicios públicos, la reducción de la calidad
ambiental de zonas urbana —ruidos y molestias a
vecinos y vecinas, saturación del espacio público
por usos turísticos...— o la desaparición de activi-
dades económicas tradicionales.
Por otro lado, al igual que otros destinos dominados
por el turismo litoral, la provincia de Cádiz muestra una
elevada estacionalidad, con una demanda concentra-
da principalmente en la época estival. Si en el mes de
agosto las pernoctaciones superan 1,2 millones, en
enero no alcanzan 180 mil, 7 veces menos. Consecuen-
cia de ello, gran parte de la infraestructura de acogida,
principalmente alojativa, se mantiene ociosa o infrau-
tilizada una parte importante del año. Esto se produce
además en un ámbito, el litoral, en el que por su fra-
gilidad debería ser prioritario maximizar la eficiencia y
minimizar el impacto de cualquier ocupación.
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Un destino excepcional para el turismo de na-
turaleza
Pero la provincia de Cádiz es mucho más que pla-
yas. Presenta unas cualidades excepcionales para el
turismo de naturaleza, entendido como aquel en el
que la principal motivación es la observación, apre-
ciación, disfrute y contacto con la naturaleza y de la
cultura vinculada a ella. La provincia de Cádiz ofrece
un patrimonio natural de inigualable extensión y di-
versidad. Un 34% de su superficie, más de 300 mil
hectáreas, se encuentra incluida en la Red Ecológica
Europea Natura 2000: 43 espacios protegidos, 6 de
ellos Parques Naturales, 3 Reservas de la Biosfera
y 6 humedales Ramsar. Este extenso patrimonio da
lugar a una enorme diversidad de ambientes natu-
rales. Desde fondos marinos a cumbres serranas,
desde playas vírgenes y dunas litorales a bosques
de encinas y alcornoques, desde marismas saladas
a humedales de interior…
Un patrimonio natural que se encuentra además
distribuido por todo su territorio: 39 de los 45 muni-
cipios de la provincia tienen presencia en su término
municipal de al menos un espacio natural protegido.
Si hay un factor común al territorio de la provincia,
que conecta sus diferentes ámbitos territoriales
(costas, campiñas, sierras...) y confiere estructura
y cohesión al territorio, es la red de espacios natu-
rales protegidos. De Este a Oeste, de Norte a Sur,
del Atlántico al Mediterráneo, la provincia puede ser
recorrida a través de sus espacios protegidos. Para
cualquier viajero que la recorra, la naturaleza será un
elemento constante, un hilo conductor de su viaje.
A ese extenso patrimonio natural se une un patri-
monio cultural, material e inmaterial, estrechamente
vinculado al aprovechamiento de los recursos natu-
rales, lo que permite establecer una conexión directa
y coherente entre ambos. Aprovechamientos como
el corcho, la piña o la sal son procesos que forman
parte de los espacios naturales y estos no podrían
entenderse sin considerar aquellos. Esto supone una
gran potencialidad para reforzar y complementar la
oferta turística de naturaleza con actividades vincu-
ladas al patrimonio histórico rural y con los aprove-
chamientos tradicionales del territorio (turismo fo-
restal, agroturismo, pescaturismo, turismo industrial
agropecuario…), aumentando con ello la significa-
ción para el visitante del contacto con la naturaleza.
OTWO 09 / APRIL 2020
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