NOTICIAS BOMBA 1 | Page 46

El AGUA DE LA VIDA

El agua es un bien común. No nos pertenece.

La práctica totalidad de las actividades productivas requiere el uso del agua, su utilización inadecuada nos está llevando a graves problemas ambientales, sociales y económicos. Hay sustitutos para casi todo, pero no para el agua. Sin ella no podemos producir alimentos. Con ella podremos mantener fértil a nuestro planeta y alimentarlo para que él nos alimente a nosotros. Nos estamos quedando sin agua dulce, sin ella no hay vida.

A día de hoy existe una crisis del agua de extrema gravedad

debido a su carencia y pérdida de calidad. Esta crisis se debe en gran parte al sistema capitalista y al modelo de consumo actual que genera una gran demanda por parte de los centros urbanos, de los procesos industriales y de la agricultura y ganadería industrial, provocando una explotación excesiva de los recursos hídricos.

Destruimos nuestras fuentes de agua más rápidamente de lo que se reponen, comerciamos con ella consumiéndola a diferente ritmo del que la naturaleza nos la proporciona. Todo ello hace que el ser humano esté provocando el cambio climático con una evaporación de las aguas y el deshielo de los glaciares. La provisión de agua dulce ya no alcanza para abastecernos, se prevé que para 2.025 disminuirá en una tercera parte, ésto significa que dos tercios del planeta sufrirán escasez de agua. Un 70% del agua que se extrae se utiliza para la agricultura. La sequía, las inundaciones y la sobreexplotación de agua dulce agravarán el problema para los agricultores, suponiendo un añadido para el tema de la producción de alimentos.

La Soberanía Alimentaria se basa en colocar al campesino en el centro del sistema agroalimentario, hay que priorizar cultivos con el agua que ofrece cada lugar para asegurar su permanencia, no derrochándola ni contaminándola, utilizando técnicas y tecnologías apropiadas, sin exigencias de altos consumos energéticos.

Donde hay agua hay vida. La vida del Planeta y por lo tanto la de nosotros mismos, depende de ella. Cada uno de nosotros jugamos un papel muy importante en la crísis del agua. Los productores deben alejarse de la agricultura industrial intensiva en el uso del agua y los consumidores hemos de priorizar qué consumimos, eligiendo aquello que suponga una exigencia menor en cuanto a su gasto.

Debemos rechazar el control y utilización del agua para usos industriales desproporcionados, para consumos desmedidos y para su uso en negocios especulativos.

De todo ello dependerán las condiciones en que van a vivir las generaciones futuras.

ANDREA DE BLAS