Miro su sueño limpio. Mi pequeña,
vestida de silencios, dulcemente
transita por su espacio. Evanescente
vuela al lugar aquel, donde es la dueña.
Cerrada entre sus párpados desdeña
los juegos y las risas. En su mente
revolotean sueños y está ausente.
Tan leve, tan preciosa, tan risueña …
Bendita hora, serena y somnolienta,
momento en que la casa está tranquila,
hay silencio, la tarde pasa lenta
con la vida encerrada en su pupila.
Y cuando abre los ojos muy contenta,
corriendo que te corre, el tiempo hila.
La siesta
Javier Arnaiz