Sólo es una muñeca
anclada en el péndulo del tiempo,
deshabitada
como una casa vieja,
con su cutis de seda,
amortajada de moaré y sombrero.
Pero me está observando
con un temblor de hueco en su mirada.
No es nadie.
Nunca vivió.
Nunca tuvo ocasión de equivocarse.
Por eso me da miedo.
A UNA MUÑECA ANTIGUA