Noche
Noche, coros de réquiem se prolongan
en el turbio silencio que lo envuelve,
solo el vacío cubre esta condena
de sueños como eriales, y recorren
los párpados desdichas, sufrimientos
que reviven con notas de violines
mientras la lluvia llora por los años,
por la vida entregada a la condena,
a la desilusión, a los lamentos
por horas perdidas. Viene el llanto
con su nombre en renglones y se asoma
por este precipicio de amarguras
donde habita su cuerpo con la noche
mezclada entre corrientes de ginebra
que absorben la desgracia del destino.
Vacío, sueños, párpados sin luz
retumban en la aurora que asesina
con un dolor de voces, los silencios
del hombre que naufraga por las calles
sin destino, con penas y mentiras,
en un baúl rasgado de esperanzas.
Adrián Pérez