Morimos, siempre estamos muriéndonos,
morimos ricos en amantes,
en brazos de hombres y mujeres,
entre el sexo y las adánicas derrotas,
en habitaciones deshabitadas,
anónimos, alcohólicos, caducos.
Vivimos en los palacios del viento
y morimos en tierras de nadie.
Somos manchas o destellos por la ciudad,
Escaparates, mendigos, fachadas, prostitutas,
Lámparas que se extinguen,
Sangre, vid, ceniza,
Palabras, neologismos insondables.
Morimos poseyendo inscripciones de oro en las lápidas.
Todo nos deja su marca en la piel
y nada nos contiene. Morimos solos,
trasanlánticos en la profundidad del océano.
A morir se aprende poco a poco,
cuando la luz te acaba.
CUANDO LA LUZ TE ACABA
Mª José Martínez Peña