II. Otoño en llamas
Cuando abro los ojos para verte,
siempre veo el destello de una hoja ardiente en caída.
Éste, me recuerda al vacío de un día templado
frente a liberadas hordas
de brillantes ilusiones perdidas.
Y al que, tras su muralla, devoto aún,
entierra el magnífico estandarte de la decepción
e intenta enmascararse,
y masacrar a las hordas
acogiéndolas con brazos abiertos;
de mientras, se pudre por dentro.
Al final éste se vuelve de piedra,
temiendo en vano,
ser descubierto.
Me recuerda a esa tumba profunda,
al estandarte en manos equivocadas
y quizás a un tiempo en el que la luz del sol resbale.
Al menos, eso creo.