Ianire Sagasti
Quieres recorrerme
lo sé.
Sé que lo quieres
aunque calles.
Pero me gusta tu silencio
hace que hoy y todos los días
me duelas,
me duelas más.
Quieres oírme
también lo sé.
Provocar mis gemidos
aunque calles.
Así, en tu silencio vuela fantasía
y en mi silencio
vuelas tú.
Y me dueles.
Quieres provocarme
lo sé.
Estremecerme en tu cuerpo de nosotros
aunque calles.
Más callo yo ¡tranquilo!,
porque como tú
también soy cobarde
y callaré.
Y aun así me sigues doliendo.
Y me dueles
porque quisiera poseerte
como en este zulo en el que te escribo
posee la araña a su mosca.
Poseerte como lo hago cada noche
en silencio,
yo sola con mi cuerpo,
como tú
me has enseñado.
Cuenta la leyenda que, cierta vez,
construyeron un tren mucho antes
que su vía férrea.
I
Dejé la malsana ciudad.
Desventurada trotamundos.
Y elegí el tren
como calzado para el alma.
Quise volar sobre el hierro y huir,
trazando España de Norte a Sur
y de Este a Oeste
para no atormentarme más
las entrañas de ti.
Recé
para que la velocidad ayudase a mis sienes
a degradar tu imagen.
II
Más de un pasajero
memorizó los surcos tristes de mi cara
mientras se tejía en ella la barbarie.
Pretendí imitar al pájaro
que emigra buscando un tiempo mejor
para esta angustia que persiste a todo.
Pero en cada estación
siempre quedaba un alma congelada,
una Mantis religiosa.
En cada estación siempre vi cortarse los abrazos
para saltar al último vagón
con la urgencia de los buscadores de oro.
Cada estación descrita
como un verano que no llega
o que acaba de morir.
III
Conté con los dedos de las manos
todos los túneles que pasé pegada a la ventana
apoyando en ella el peso de la vida.
¡Cuánta lluvia fusilada en los cristales!
Como si el tren también se despojase
de todos los pesares.
¡Cuántos días de ceguera
para despertar con un baile
sobre los rieles!
Cuenta la leyenda que, desde entonces,
se construyeron las vías férreas
antes que su tren.
Calzado para el alma
La araña a su mosca