Mujeres de Tarapacá y Saberes Ancestrales Edición única - Page 9

REYNA CÁCERES GUALLANES, ORIUNDA DE COSCAYA L “EL PRIMER PARTO LO ATENDÍ CUANDO TENÍA QUINCE AÑOS” a señora Reyna Cáceres no se explica muy bien de dónde sacó los conocimientos que la llevaron a convertirse en una partera especialista de la comunidad de Coscaya. “Mi primera experiencia con esto del parto la tuve a los 15 años. En una oportunidad me tocó ir a ver a una señora que estaba teniendo guagüita, con mi mamá. Ella me dijo que la señora estaba sufriendo mucho y que su marido andaba a la siga de una partera, pero le había ido mal. Vamos a verla, me dijo. A lo mejor ya tuvo la guagua; está solita”. “Ahí veo a la señora que pujaba y pujaba… Y la guagua no nacía. Entonces me ofrecí a ayudarla y le dije, sin saber nada del parto: le veo como viene la guagua. Y cuando la toqué me di cuenta que la guagua venía mal. Entonces, le dije que cuando se le pasara el dolor, yo la iba a arreglar. No sé de dónde me vino esa seguridad, si yo no sabía mayormente. Y la arreglé. Puse en posición a la guagüita”. “Después, para cortar el cordón, ella me dijo que tenía la tijera, la aguja y el hilo. Antes se amarraba el cordón con una pita gruesa en el dedo izquierdo, para que la placenta fuera saliendo de a poquito. Después bañamos a la guagüita, la vestimos y la envolvimos; allá se envolvía la guagua. Bien derechitos sus piernecitas, sus brazos. Se hacía un lulito. Ese fue mi primer parto”. “Ella tenía todo listo, esperando que su marido trajera a la partera. Y cuando llegó se dio cuenta que la guagüita había nacido, asistida por una chiquilla de 15 años. Después me buscaban para que atendiera los El microcosmos (humano) y macrocosmos no están separados el uno del otro, sino que interfieren de varias maneras, a través de “puentes”, transiciones sumamente frágiles que necesitan cuidado especial y profundo respeto. Por ejemplo, el relámpago, el arco iris y la niebla, son “puentes” divinos entre el cielo y tierra. En este escenario se desarrolla la vida de los aymara, donde estos puentes también los conectan con lo divino y lo sagrado. partos del pueblo, incluso atendí un parto de mi mamá: ayudé a nacer a dos hermanitos. Y ahí me acostumbré a hacer ese trabajo”. “Las mujeres me iban a ver a los cinco o seis meses de embarazo, para que arreglara a los niños y los pusiera en posición de parto. Eso lo hacía con masajes, según como estuviera el niño. La cabecita siempre hay que acomodarla para abajo. A veces vienen sentados también. Gracias a este don pude ayudar a muchas personas”. “Después bajé a Iquique y doña Gilda Palape y don Javier Vilca me pidieron que fuera a trabajar al Hospital. No, no, no, les dije. No voy pa´lla, porque ellos tienen sus matronas y saben todo. Hasta que llegó un doctor, Patricio Miranda, y él me convenció. Trabajé como veinte años en el Hospital. “Ellos me llamaban cuando una señora quería que la asistieran, en Iquique o en Alto Hospicio, de manera natural. Algunas estaban acostumbraban a tener su guagüita hincada, de rodillas, para que saliera más fácil. Las matronas me trataron bien en el hospital, no tengo nada que decir. Tanto aprendieron ellas de lo que yo hacía, como yo también aprendí”. -Y Usted también componía huesos? -Cuando yo podía arreglarlos, lo hacía. Si veía que no se podía, yo las mandaba al hospital a las personas. Eso lo hacía con puro masaje y después se les pone un parche. Según y como. Tengo cremas sí, para frotar. Son cremas de yerbas que vienen del Perú, de Bolivia. -Y qué más hace? -También curo empacho. Eso es cuando las personas comen algo que les cae mal a las guaguas; porque todo lo que una mamá come se traspasa a las guaguas. Entonces se asienta en el estómago. No pueden obrar, o les viene vómitos, indiges- tión. No pueden hacer nada, porque tienen la fiebre adentro. -Y ¿cómo se cura el empacho? -Yo lo hago con un huevo batido, crudo. Eso se les da a las personas para que se les pase. MUJERES Y SABERES 9