Mujeres de Tarapacá y Saberes Ancestrales Edición única - Page 7

“NUESTRAS COMIDAS, CREO YO, YA ESTÁN INSERTAS EN LA SOCIEDAD” La señora Gilda Palape es optimista respecto de la gastronomía originaria y no teme que pueda desaparecer, porque “está inserta en la sociedad. Por ejemplo, yo he hecho algunos programas con la Escuela Artística, donde hemos visitado Colchane y Camiña, con los estudiantes. Y ellos han visto cómo se cocina, de la manera original”. “Y con la medicina ancestral ha pasado más o menos lo mismo. Se comenzó un plan piloto en 1996, para insertar una partera en el Hospital Regional. Y eso derivó en que se prepararon personas como facilitadoras interculturales. Ellas hacían una conexión entre el profesional y las personas de las comunidades. En el fondo se trataba de generar un complemento con la medicina científica. Y eso todavía está vigente”. GILDA PALAPE ROJAS, DE COSCAYA “NOS QUISIERON ARREBATAR NUESTRAS COSTUMBRES, PERO NO LO LOGRARON” G ilda Palape Rojas nació en Coscaya y le tocó vivir, sufrir en rigor, la chilenización. “A mi pueblo no llegaba la huella (el camino). Cuando llegó, yo tenía como 5-6 años; y con el camino llegaron las rondas médicas y llegó el profesor. Entonces, se nos negó la práctica de nuestras costumbres”. “El profesor me decía: tú no tienes que comer maíz, porque las gallinas comen maíz. Tú tienes que comer pan. Otra cosa: mi papá tenía vacas y yo sacaba la leche en un tarro lechero, para después tomar, pero llegó la leche de Cáritas Chile y se nos prohibió tomar nuestra leche. O sea, nos fueron cambiando los hábitos alimenticios”. “El profesor, al ver que nosotros no hacíamos caso, nos preguntaba: cuánto es cinco por ocho; Cuarenta, respondía uno. Y nos daba cuarenta palos en cada pierna o cada mano. De esta manera él quería imponer sus reglas: que no comiéramos maíz, ni tomáramos leche de vaca. Incluso una vez un profesor le abrió la polera a un niño y le echó la leche hirviendo en la espalda. Así se nos quiso arrebatar nuestra tradición”. “Así se nos impuso una dieta, con violencia. Entonces, por ejemplo, ¿qué hacía yo? Empecé a hacer mi comida, tal cual veía a las abuelas, siguiendo sus recetas, sus tradiciones. Y eso porque no quería la comida que me daban en el colegio. Me empezó a gustar la cocina y empecé a cocinar. Éramos doce personas en la casa y como castigo, según mi mamá, yo tenía que cocinar. Pero a mí me encantaba. Así aprendí a hacer el pan amasado, la calapurka, el picante de conejo, los cuyes. Todo eso lo aprendí de mis abuelitos, de mis tías. Y así me fui dando cuenta que la forma de cocinar y las recetas eran parte de una cultura propia”. “A los 13 años me vine a la ciudad. Y como me gustaba cocinar, mi papá me buscó un trabajo en un restaurant. Ahí comencé a descubrir otros tipos de comidas y me dediqué a cocinar, porque siempre me gustó. Y me gusta hasta ahora. Gracias a esta habilidad he ganado muchos premios por mi cocina, muchos de ellos por la forma de hacer la calapurka… -¿La calapurka es el plato más tradicional de la gastronomía andina? -Sí, yo diría que sí. Especialmente de la precordillera, aunque la han degenerado demasiado. Mucho. La receta original de mi pueblo es con carne de llamo, de cordero y de gallinas de corral, el maíz pelado y la papa que sacábamos de la chacra. Algunos dicen que lleva cuy, conejo, vizcacha, pero esa es una gran mentira. Todos los ingredientes se preparan aparte y las carnes no se pican, se desmenuzan. -¿Por qué se llama calapurka? -Calapurka es una palabra aymara que significa piedra caliente. Y eso porque se buscan en el río las piedras volcánicas que son especiales. Esas piedras se calientan en el fuego al rojo vivo y después de introducen en la preparación. Es un plato que se cocina en las fiestas patronales, porque es el equivalente a una paila marina. Es un plato levanta muertos. Se sirve en la madrugada. La complementariedad: a cada ser y cada acción corresponde un elemento complementario que constituye de este modo un todo integral. El contrario de una cosa no es su negación, sino su complemento y correspondiente necesario. Así ocurre con el cielo y tierra, sol y luna, varón y mujer, día y noche. MUJERES Y SABERES 7