Mujeres de Tarapacá y Saberes Ancestrales Edición única - Page 5

AURORA CAYO BALTAZAR, HIJA DEL TATA JACHURA “TODO LO QUE SÉ, SE LO DEBO A MIS ANCESTROS, A MI COMUNIDAD” H aciendo gala de una elocuencia desbor- dante, Aurora Cayo cautiva audiencias en todas partes del mundo. Su agenda está repleta de eventos y de invitaciones, no sólo gastronómica. Es una embajadora de lujo de nuestra región y siente que está cumpliendo un compromiso que algún día le hizo a sus abuelos: promover los saberes ancestrales. Nos confidencia, que hace algunos años rechazó la distinción de ser Tesoro Humano Vivo, “porque lo que sé se lo debo a mis ancestros y a mi comunidad; ellos debieran ser los tesoros humanos vivos”. La cocina, señala, la lleva en la sangre. “Empecé a cocinar a los cinco años. Mi madre iba a la chacra y no tenía con quien dejar a mi hermano chico que estaba enfermo. Había que darle comida. Entonces mi mamá me dejó todo a cargo, a los cinco años, imagínese. Recuerdo que ella me dejó todos los ingredientes con que debía preparar el almuerzo, pero no me dijo cómo hacerlo. Sólo me dio instrucciones de En el mundo andino el concepto de salud no se restringe sólo al bienestar físico y psíquico, sino que incluye el equilibrio y bienestar social y económico de la persona. También, a su relación armoniosa en su familia y comunidad, con sus difuntos, sus espíritus protectores y la Madre Tierra. Incluye la convivencia correcta y afectuosa con la chacra y el ganado, con la casa y la naturaleza. cómo atizar el fuego”. Así, relata la señora Aurora, se inició en la cocina. Un poco a tientas, un poco obligada por las circunstancias. “Algunas cosas quedaron crudas, otras quedaron duras, pero mi madre siempre me alentó; no hubo críticas, sino un reforzamiento de que podía hacerlo. La base de mi saber es mi madre, mi abuela, mi familia. Así se inició mi camino en la gastronomía. Lo importante, en ese momento, es que yo había sido capaz de alimentar a mi hermano”. “Ahora no me siento menos que un académico que puede tener todos los títulos habidos y por haber; yo también tengo mis honores, porque soy titulada de la universidad de la vida, con honoris causa y a la fuerza. Tuve que aprender a hacerlo y enfrentarme a todas las dificultades, para salir adelante”. Aurora Cayo Baltazar se emociona y señala que los valores de la cocina los adquirió a través de ella. “También de las abuelas de la comunidad. De todas las abuelas de la comuna de Chiapa”. Lo que ocurre, agrega, es que “desde niña siempre fui muy curiosa. Me gustaba andar de cocina en cocina; sentía los aromas, los olores, era lo que me llamaba la atención. En las comunidades los aromas de las mañanas eran fantásticos y eso me sedujo desde muy pequeña. Cada uno preparaba su desayuno diferente. Las cocinas humeantes y todo eso. Y yo como niña, curiosa por naturaleza, me iba de casa en casa y me quedaba donde estaba más rico el desayuno, jejejejej”. Y eso, agrega, lo conservó desde siempre: la cocina tradicional y muy en especial el rescate de los productos. “En las fiestas patronales, en las fiestas comunitarias, en el inicio de las siembras y en las cosechas. Esas actividades, que en el fondo son rutinarias, fueron marcando mi aprendizaje de los distintos tipos de comidas, respetando las temporadas. Eso lo aprendí desde niña”. “Cuando me vine a la ciudad, incorporé los saberes y sabores que fui conociendo, pero siempre manteniendo lo que adquirí en mi niñez, porque la memoria es la que marcó mi cocina. Jamás olvidando mis productos, mis raíces, mi cultura. Y ya cuando comencé a ejercer como cocinera tradicional, fui obteniendo una serie de reconocimientos que me han permitido viajar y conocer muchos lugares y personalidades del mundo de la gastronomía. Y lograr superar todos los momentos difíciles que me tocó vivir”. -Y se ha transformado en una verdadera embajadora de la región… -Sí, en realidad. Soy una agradecida de la vida. Agradecida de la Pachama- ma, de mis ancestros que me legaron esta herencia cultural a través de la comida. MUJERES Y SABERES 5