Mujeres de Tarapacá y Saberes Ancestrales Edición única - Page 4

APRENDER LA LENGUA: AHORA ES EL MOMENTO A juicio de Eva Mamani los tiempos que se viven son los indicados para evitar la extinción de la lengua aymara. “Todavía están los abuelos que la saben y los niños están dispuestos a aprenderla. Y son los que mejor pueden hacerlo, porque ab- sorben como una esponja los conocimientos. Pero el Estado debe destinar más recursos a ello. De lo contrario, después nos vamos a arrepentir, cuando sea demasiado tarde”. esa etapa, porque la profesora buscó destacar mis capacida- des, para enfrentar la actitud hostil de mis compañeros”. Confiesa más de 16 años trabajando en esta temática. “Y también trabajo mucho el tema del tejido, haciéndolos con la técnica ancestral. Hay varias técnicas de tejido… y yo me he especializado en el telar de cuatro estacas y el de cintura”. EVA MAMANI CHALLAPA, PROFESORA DE LENGUA AYMARA EL ORGULLO DE COMPARTIR LA LENGUA AYMARA E va Mamani Challapa sufrió la discriminación, como muchos otros niños aymaras, en el colegio. Pero lejos de amilanarse, sacó fuerzas de flaqueza y logró superar esos años difíciles, precisamente centrando su actuar en su fortaleza: el dominio de la lengua, la destreza con el tejido y la sabiduría de las historias ancestrales que aprendió de sus abuelos. de discriminación muy fuerte, muy dura. Los niños que no eran aymaras nos molestaban, se burlaban de nosotras… En esos años, recuerdo que una profesora buscó la estrategia para que pudiera enfrentar ese problema. De alguna manera me motivó con mis talentos, mis habilidades. Me decía: tú sabes la lengua, sabes tejer, sabes muchos relatos… podemos hacer talleres, para enseñarle a quienes no saben”. “Cuando estuve en la ense- ñanza media sufrí un proceso Fue una estrategia que le cam- bió la vida. “Armamos talleres 4 MUJERES Y SABERES de lengua, de cuentos andinos; también hicimos revistas, donde plasmábamos cuentos andinos, chistes, canciones en aymara. Y, además, teníamos un taller de lengua y un taller de tejido. Teníamos un espacio en el liceo donde tejíamos… Esas prácticas me fueron motivando y me permitieron reencontrarme con lo mío. Y eso fue el detonante de mi vocación. Pude superar el bullying que sentía durante “La lengua aymara -señala- se transmitía sólo por tradición oral. No se escribía. Cuando llegó el otro mundo a este mundo, se comienzan a crear grafemarios (un conjunto de letras que puedan permitir la escritura de la lengua). Son las mismas letras del alfabeto español, pero que tienen uniones distintas. Ellos fueron los primeros”. Después, añade, se fueron sumando estudiosos de la lengua, haciendo intentos de elaborar uno que permitiera la escritura de la lengua aymara. “Con el tiempo se fueron ha- ciendo procesos de consulta, a nivel internacional, en Perú, Bolivia, Argentina y Chile y se consensuó el grafemario de la lengua aymara que se usa en la actualidad”. -¿Y usted tuvo temor de que en algún tiempo se perdiera la lengua? -Ahora sentimos eso, porque está en un proceso de pérdida la lengua. Solamente lo hablan los abuelos. Los padres están todos en la ciudad y no hablan. Saben la lengua, pero no la usan. -¿Y por qué ocurre esto? -Hay múltiples razones. Por discriminación, por evitar las burlas. Porque durante siglos les metieron en la cabeza que el idioma aymara era feo, que suena mal, que es muy difícil. Y esto ha generado que se esté perdiendo. -¿Y cómo se puede revertir esto? -Nosotros estamos generando espacios para frenar este proceso. Por ejemplo, tenemos la Academia Nacional de la Lengua Aymara. Hemos realizado una serie de iniciativas (congresos, seminarios, talleres, etc.) para motivar a las familias a que practiquen la lengua. Ha sido lento el proceso, pero hemos logrado que la juventud se reencante con ella. En la cosmovisión aymara, existen tres espacios espirituales, que son el Arajpacha, Akapacha y Manquepacha. El Arajpacha, es el mundo de arriba, que simboliza la luz y la vida. El Akapacha es el centro, representado por los valles y las quebradas, es lo que está cerca, o “acá”. El Manquepacha, mundo de abajo, donde se guarda lo que ya pasó, simboliza la muerte y la oscuridad.