Mujeres de Tarapacá y Saberes Ancestrales Edición única - Page 11

MARÍA CHALLAPA MAMANI, ORIUNDA DE CHULLUNCANE “EN EL CAMPO LOS NIÑOS VEN A LOS PADRES Y APRENDEN DE ELLOS” “ Mi mamá me enseñó a tejer desde mi infancia. Aprendí a hilar y des- pués a tejer; me hacía mis propias vestimentas. Estuve como hasta los 35 años en mi pueblo y depués me vine a Pozo Almonte. Me casé, tuve mis hijos, todo. Tuve 11 hijos, siete mujeres y cuatro hombres. Del total, 9 los tuve en el campo, siguiendo las costumbres de mi pueblo; en mi casa tuve a mis hijos. Mi mamá era la que atendía el parto. Después me tuve que venir porque no había enseñanza media para mis hijos; sólo podían hacer hasta octavo y tenían que venirse al internado... así que nos pusimos de acuerdo con mi esposo y nos vinimos a Pozo”. aprender a hilar, a tejer. No está demás. -¿Usted mantiene todas las tradiciones, las comidas, el uso de las yerbas medicinales? -Yo vendo yerbas medici- nales. Las más populares son la rica-rica, la flor de yareta, el airampo, la tola... Aprendimos de nuestros padres, de nuestros abuelos a usar la medicina alterna- tiva. Por ejemplo mi mamá era partera, curaba los niñitos enfermos, entendía muchas cosas. Ella se llamaba Santosa Mamani. -¿Le gusta vivir en la ciudad o si pudiera retornaría al campo? Las Medicinas Andinas: De especial relevancia en las culturas andinas es la inhalación de humo que producen ciertas plantas, generalmente aromáticas, ya sea para curar dolencias físicas o como procedimientos simbólicos de purificación y ofrenda. Las hierbas también son frecuentemente utilizadas para hacer infusiones, las que al ser bebidas pueden tratar diversos malestares. La más tradicional es la hoja de coca, muy apreciada en la altura por sus beneficios en la regulación de la presión arterial. “ANTES NO NOS TOMABAN NI EN CUENTA” “Ahora no se siente discriminación. No nos dicen paisanas, ni bolivianas. Nos ven como trabajamos y nos respetan. Cuantas veces me pasó que me decían: puis, puis, boliviana... Y yo les decía: soy más chilena que los porotos. Todavía queda un poco de discriminación, pero muy poco. Antes no nos tomaban ni en cuenta, pero ahora sí se nota un cambio. -Yo me vine por los niños y todavía tengo a mi hija estudiando; también tengo un hijo soltero que vive conmigo, no puedo dejarlo solo. Pero me gustará volver a mi tierra, por supuesto. Es más tranquilo; acá hay que andar con mucho cuidado, que a uno no le vaya a pasar algo. Arriba no; uno anda a sus anchas. Yo soy de Chulluncane y mi marido es de Panavinto. Nosotros sembramos de todo y además todavía tengo a mis animalitos. Tengo alpacas, llamitos. De ahí saco la lana y la trabajo acá, en Ampara Lurata. “En el campo los niños ven a los padres y aprenden de ellos. Por ejemplo si el papá está pastoreando, ellos aprenden eso; si está trenzando la soga, las hondas... lo mismo las niñas, aprenden a tejer, a hacer comidas, en fin. Tengo una hija estudiando en la Unap y los fines de semana ella viene a hacer sus tejidos, muchas cosas que le piden”. -Qué le parece a Usted que ellas aprendan a tejer? -Me parece muy bien, porque a veces uno estudia y no encuentra trabajo, así es que tienen otra opción de ingresos. Sabiendo las técnicas que nosotros trabajamos, se pueden ganar su sustento y por eso tienen que aprender de todo. Siempre les dije a mis hijos que tienen que MUJERES Y SABERES 11