Mujeres de Tarapacá y Saberes Ancestrales Edición única - Page 10

“USAMOS SÓLO LANA DE ALPACA” MARCELINA CHOQUE CASTRO, DE PISIGA CHOQUE “MI TRABAJO ES TEJER Y SOY FELIZ CON ESO” T ejer durante toda la vida, siguiendo las costumbres de sus abuelas, de su cultura, es la máxima aspiración de la señora Marcelina Choque, oriunda de Pisiga Choque, en la comuna de Colchane. “Hasta los 17 años viví en mi pueblo; después emigré a Pozo Almonte. Cuando empecé a vivir en Pozo no había trabajo para mí, porque siempre fui tejedora. Podía hacer mis trabajos, pero no sabía donde vender. Entonces, hace 28-29 años atrás, abrieron una coope- rativa en Arica, que se llama kantati, y ellos me pidieron que les vendiera lana de alpaca hilada, de 500 gramos, de 800 gramos, de un kilo. Así que ahí empecé, hilando. También trabajamos la lana de angora, de conejo”. “Después algunas compa- ñeras comenzaron a tejer. 10 MUJERES Y SABERES Primero con telar de dos pedales, que nunca había usado; pero antiguamente nuestros abuelos hacían sus ropas con estos telares, pero yo no sabía. Siempre había tejido en el suelo. Así que aprendí y se me hizo fácil. Comenzamos a tejer y trabajé como diez años en una cooperativa de Arica y después hice un grupo acá en Pozo Almonte, aparte”. El primer colectivo de teje- doras de la señora Marcelina estuvo integrado sólo por familiares. “La suegra, la nuera, la cuñada; empezamos de a poquito, sólo 4 personas. Y así íbamos creciendo. Mis cuñados se iban casando y, entonces, sus mujeres se iban sumando al grupo, hasta llegar a 14 personas. Por esta razón es que mis hijas todas saben tejer, porque la rutina que hacía en mi casa les sirvió para ir aprendiendo”. “Yo siempre he estado con mis tejidos, porque me gusta hacer estas cosas. De hecho los ingresos de mi hogar son gracias a mis tejidos; no hago otra cosa. La lana de alpaca me ha permitido educar a mis hijos; son todos profesionales, gracias a mis tejidos. Vivo de eso. Yo no soy comerciante, no vendo en la feria, nada. Este es mi trabajo y con mucho orgullo. Además hacemos entregas en Artesanías Chile, en Santiago, que nos permite mejorar nuestros ingresos”. -¿Cómo obtienen la lana para hacer sus tejidos? -Nosotros mismos criamos alpacas en Colchane. Las trasquilamos en el mes de septiembre y después hilamos, una vez al año. Y de cada animalito sacamos 1 kilo y medio o dos kilos, depende. Primero se descarmina la Las transiciones en la vida del individuo requieren en el mundo andino de un acompañamiento ritual – simbólico especial. A modo de ejemplo tenemos los ritos en torno al embarazo y parto, el primer corte de cabello, la entrada a la adolescencia y el acompañamiento ritual en la muerte. Estas son prácticas simbólicas que representan el paso de un estado a otro, el cual sella un proceso irrevocable y que se asume como tal, tanto por el individuo como por su entorno. Trabajamos con todo tipo de lanas, más finas, más delgadas y más gruesas. La lana gruesa se usa en el telar y la más delgada en la trama. El grosor es para el telar y la trama es para tejer por dentro, esa es la finita, como un hilito. Todo es de alpa- ca; antes trabajábamos con lana de llamo, pero el gran problema del llamo es que es áspero, tiene mucho pelo; los clientes se ponen la ropa en la cara y la sien- ten áspera, entonces no lo llevan. Por eso traba- jamos pura alpaca, que es la más fina, la más bonita”. lana; después se va hilando... luego se tuerce y después se teje. Es un proceso largo, pero así queda bien, bonita. Y después para hacer un poncho con lana vellón, por lo menos son 9-10 días. -¿Cómo surgió esta organización, Ampara Lurata? -Hace como 15 años formamos una mesa con las personas que tejían y que vivían en Pozo Almonte. Y como cada una tenía su propio taller, la idea fue agruparnos para tener más oferta de productos para el público. Cada una tiene su taller: a veces son 10 perso- nas, 5, 6, depende. Entonces la municipalidad nos dio la oportunidad de juntarnos entre todas y formar esta organización: somos siete grupos que alimentamos a Ampara Lurata, que es la organiación que nos coordina. Todas estamos acá. Somos dieciocho tejedoras. Y ahora tenemos esta casita, Willkallpa. Ahora esto es nuestro ya, estamos felices”