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Andrea de Cano
homosexualidad, tal es el caso de los programas televisivos de
farándula, donde sin escrúpulo alguno tiene que haber un homosexual
contando los „chismes‟ de los famosos; no es algo de que
enorgullecerse cuando son nuestros hijos los que sufren los estragos
de la televisión.
El escandaloso proceder de los homosexuales, su desfachatez y
descaro al enfrentarse a un mundo, el cual ya no tiene moral al aceptar
deliberadamente estos espectáculos públicos, nos hace pensar si es
ese el libertinaje que deseamos en nuestra vida normal y corriente.
Una vez más las bases que forjan a un individuo, se ven interrumpidas
por la mala educación impartida desde el núcleo familiar, por la falta de
atención, de cariño, de dialogo y de tiempo.
Estas anomalías se pueden evitar, cuando la solución se encuentra en
una correcta guía y conocimiento al respecto como padres y
educadores.
La preocupación por la estabilidad emocional y mental de nuestras
familias debe ser prioridad en la hermosa tarea de formar mujeres y
hombres modelo, para integrarse a una sociedad que necesita con
urgencia valores y principios.
Hay grandes esperanzas y soluciones para quien necesita vencer el
hábito desordenado de ceder a la actividad homosexual. Una de ellas,
es habituarse a repetir acciones virtuosas de servicio de amor
desinteresado a los demás, sin hacer discriminaciones por los afectos
que se sienten por las personas. Es cuestión de acostumbrarse a la
generosidad de tratar a todas las personas, con naturalidad.
Uno de los argumentos que utilizan los activistas homosexuales es el
de alegar que la inclinación es algo innato y que, por lo tanto, la
actividad homosexual es un “derecho humano” que la sociedad debe
respetar. Sin embargo los estudios realizados en torno a este tema no
demuestran con claridad suficiente qu e el homosexualismo tenga un
origen genético, hormonal, neurológico o cerebral. A lo sumo, las
conclusiones de los poquísimos estudios que alegan tales causas se
apoyan sobre evidencias muy débiles.
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