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Andrea de Cano diluye todos los reflejos del mundo exterior, todas las imágenes y todos los pensamientos residuales. El sol negro es visualizado de forma tranquila, clara, resplandeciente. Un sol negro que se abre desde el “vacio” (es decir, la trascendencia). La experiencia de la luz absoluta se da cuando la conciencia es capaz de seguir todas las fases que traspasan la puerta entre la vivencia ordinaria y el punto de sueño profundo que corresponde a al cambio de estado. Como vemos, para poder percibir la luz del sol negro es preciso que detengamos el mundo, apagar la luz de este mundo. Detener el flujo del mundo, cesar la respiración del mundo, alcanzar la inmovilidad, la impasibilidad absoluta del mago tántrico. Entonces, el alma se libera y se proyecta libre como una mariposa al liberarse de su crisálida. La humanidad actual volcada totalmente hacia el materialismo y hacia la ilusión del mundo, es incapaz de percibir la luz del sol negro. No obstante, su luz nunca ha dejado de brillar. La certeza de la muerte del cuerpo físico es algo a lo que el hombre no puede sustraerse. La imposibilidad de establecer vivienda firme sobre el barro, así como la crueldad del mundo al corregir el vicio y la degeneración hacen que muchos busquen. Pero la VIDA es irreconciliable con la muerte. No puede vivirse por y para el mundo sin morir con él. La vida no es el mundo. El mundo es la muerte, de esto nos habla la tradición de los antiguos. Los maestros verdaderos, los que han superado al mundo y vencido a la muerte, transmutándose, abandonan el mundo en un carro de fuego ascendiendo a la divinidad. La verdadera religión es la que nos liga a la divinidad, la que nos enseña a conocer el concepto y el principio mismo de la vida y a participar de él. Si no alcanzamos a comprender el sentido profundo y la naturaleza de la vida, los ritos y los cultos religiosos, podrán parecernos tan sólo meros gestos, movimientos y palabras carentes de toda entidad. En el mundo “democrático” moderno, proyección de un demonio y víctima del materialismo, se limitaría a entender por “vida” únicamente al espacio de tiempo que trascurre desde el inicio de actividad de un 269