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Los niños que no son buenos atletas son a menudo ridiculizados, frecuentemente dándoles apelativos femeninos y les llegan a decir que corren o juegan como niñas. A medida, que estos rechazos continúan año tras año, estos chicos se sienten cada vez más inadecuados, confusos, solos y débiles. El maltrato de los compañeros produce en ellos una imagen muy deficiente de su cuerpo y de su masculinidad. La angustia de estas personas puede llegar a ser tan dañina que puede hasta anular los beneficios psicológicos de una positiva relación con su padre. Para muchos de estos jóvenes, las inclinaciones homosexuales empiezan en el sexto o séptimo grado. La inclinación es siempre hacia adolescentes fuertes y atléticos.
La falta de interés en los deportes interfiere en la relación y unión intima entre padre e hijo.
La necesidad de ser aceptado por otros varones es esencial para el desarrollo de una positiva identidad masculina.
Desconfianza y miedo
Otro factor importante en el desarrollo de la homosexualidad es el miedo a ser vulnerables en las relaciones heterosexuales. Esta incapacidad de sentirse seguro amando a alguien del sexo opuesto es usualmente inconsciente y la mayoría de las veces tienen su origen en experiencias traumáticas en el hogar.
En el caso de los hombres, puede ser la consecuencia de haber tenido una madre demasiado controladora, excesivamente dependiente, enfadada y critica, poco afectiva y fría, narcisista e insensible, muy desconfiada, adicta o enferma.
En el caso de las chicas, a menudo de confiar en cualquier varón en una relación amorosa puede surgir de haber tenido un padre enfadadizo, rechazador y distante, insensible hacia su madre, abusivo, duro, egoísta, falto de afecto y adicto. Estas chicas desarrollan una fobia inconsciente de ser heridas como vieron que lo fueron sus madres.
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