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depender totalmente del nivel alimentario y económico y que nuestros
vegetales, granos, plantas medicinales, aromáticas y flores dependen
de nosotros sin renunciar a los límites rigurosos de la producción
orgánica y los procesos naturales, esto también hace estimable el
renunciamiento a las pretensiones ostentosas de acumulación material
por medio de las ventajas del trabajo fácil, o la esclavitud moderna del
trabajo serial, monótono, asalariado que imposibilita una vida decente
e integralmente dirigida hacia el objetivo superior; esta disciplina
impone un rigor diario de muchas horas de trabajo, sus requisitos
principales son tierra, agua, sol, semillas y nuestras manos.
La relación con este tipo de producción agrícola orgánica en
permanente transformación es vital en sí misma, por su dinámica
especial, esta nos impone un contacto permanente con los ritmos de
que ella participa y que nosotros habitualmente ignoramos o
rechazamos en la vida rutinaria, sus parámetros rigurosos ponen en
marcha un ritmo permanente, de ahí que pueda construir a nuestro
entender una disciplina de cuyo contenido se extraen enseñanzas;
rememorando una vieja conquista de la sangre cuando esta aprendió
con esfuerzo las delicadas técnicas para obtener los frutos de su
subsistencia, una transformación vertiginosa y de responsabilidades:
más trabajos, superiores trabajos, porque el sustento de la propia vida
como tal ya ha sido asegurado mediante la agricultura, en orden, en
consecuencia con el objeto natural que se domina: no se puede
pretender despertar las cualidades y la mente mediante un cuerpo
sedentario y citadino, no pudiendo entonces edificar nada perdurable
sin bases sólidas bajo la superficie visible, tampoco se trata de una
cuestión clasista ridículamente opuesta a nuestro planteamiento, se
trata de una actividad que cambia el estado existencial cotidiano del
individuo de pasivo contemplativo a activo orgánico y transformador; en
situación de dominio y riesgo permanente ante el objeto de trabajo y
los elementos, dominándose para dominar, con las manos primero y el
resto del cuerpo, luego con el cerebro, luego con el corazón.
Los pasos intermedios así como las ventajas inescrupulosas son lo
actual, la idea del deber y fin del trabajo que consta en cambiar,
recrear, volviendo a despertar sus cualidades transformadoras en el
humano en lo que modestamente se pueda lograr, quizá en el mundo
de ahora sea una de las pocas vías posible de saneamiento de una
comunidad, después de que este principio se imponga por sí mismo o
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