Monográfico Cervantes-Shakespeare | Seite 9

Como puede deducirse, la vida de Cervantes no es la de un cientí4ico aunque sí debió ser muy inquieto intelectualmente teniendo en cuenta la cantidad y la calidad de las obras, hombre curioso y preparado en muchas parcelas pero no en Matemáticas. Por eso no debe esperarse encontrar profundas re4lexiones matemáticas. No obstante en El Quijote, obra en la que se entremezclan la fantasía y la realidad encontramos aspectos más o menos cotidianos en los que ve necesario recurrir a las matemáticas para entablar diálogos, para expresar cantidades, para referirse a unidades monetarias u otros tipos de medidas, para imaginar cantidades y tamaños fantasiosos y, puesto que hace referencias a la navegación, nombra también conceptos y aparatos náuticos.
Las numerosas alusiones a esta ciencia en El Quijote han sido las que nos han hecho abordar, a los alumnos de 1 º R de Bachillerato, u n a s p e c t o d e l a s Matemáticas, como son las Paradojas, a partir de la que aparece en el capítulo LI de la segunda parte del libro, dónde se nos cuenta una curiosa ley que se produce en una isla, la cual en este fragmento de la novela se puede apreciar que, en efecto, es una historia paradójica-
La paradoja de la Ínsula Barataria
En el tiempo que Sancho fue gobernador de la Ínsula Barataria tuvo que resolver interesantes s i t u a c i o n e s y p l e i t o s q u e l e planteaban sus súbditos para que él hiciera justicia. Y asombró a todos con las atinadas decisiones y veredictos que adoptaba. Una de las más conocidas, al menos entre los matemáticos, es la paradoja que le exponen para que“ resuelva” y que reproduzco a continuación entresacando del texto solo los párrafos que plantean y“ resuelven” la paradoja:
Señor, un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío( y esté vuestra merced atento, porque el caso es de importancia y algo dificultoso). Digo, pues, que sobre este río estaba una puente, y al cabo della, una horca y una como casa de audiencia, en la cual de ordinario había cuatro jueces que juzgaban la ley que puso el dueño del río, de la puente y del señorío, que era en esta forma:“ Si alguno pasare por esta puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar; y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna”. … Sucedió, pues, que, tomando juramento a un hombre, juró y dijo que para el juramento que hacía, que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa. R e p a r a r o n l o s j u e c e s e n e l juramento y dijeron:” Si a este hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y, conforme a la ley, debe morir; y si le ahorcamos, él juró que iba a morir en aquella horca, y, habiendo jurado verdad, por la misma ley debe ser libre. … él tiene la misma razón para morir que para vivir y pasar la puente; porque si la verdad le salva, la mentira le condena igualmente; y, siendo esto así, como lo es, soy de parecer que digáis a esos señores que a mí os enviaron que, pues están en un fil las razones de condenarle o asolverle, que le dejen pasar libremente, pues siempre es
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