Parece mentira pero fue así, durante los años de vida del ingenioso hidalgo y de D. Alonso Quijano, que le dio sombra, se desarrolló en los Países Bajos una pasión desmedida por los bulbos de tulipán. Su exótica belleza cotizaba a la misma altura que su inutilidad, llegándose a cambiar un solo bulbo por el equivalente monetario a una década de trabajo de un esforzado artesano. Damos aquí fe de un proceso que, seguro, no nos parecerá tan alejado de nuestra reciente y aciaga burbuja, la misma que nos dejó también bastantes descampados en nuestra ciudad extrañamente adornados a la ligera por algunos cascotes de ladrillos rotos.
Hoy en día estamos acostumbrados a utilizar con relativa frecuencia el término burbuja económica y / o 4inanciera. Wikipedia la de4ine como“ un fenómeno que se produce en los mercados, en buena parte debido a la especulación, que se caracteriza por una subida anormal y prolongada del precio de un activo o producto, de forma que dicho precio se aleja cada vez más del valor real o intrínseco del producto”.
Es decir, para que se dé una burbuja en un producto – tangible o intangible – debe de producirse un deseo generalizado entre los demandantes por adquirirlo. Este escenario produce una escasez del producto, pues cualquier unidad del mismo que sale al mercado desaparece rápidamente.
Lógicamente, esta misma escasez hace que su precio se eleve por encima de cualquier nivel que pudiéramos considerar“ real” o“ intrínseco” al mismo. O sea, la gente desea el producto no tanto por el bienestar que le va a producir, sino por el simple hecho de que el comprador sabe que si lo compra hoy a un determinado precio, rápidamente podrá venderlo después a un precio superior, obteniendo una cómoda ganancia. Esto es la compra especulativa. En este contexto, los precios dejan de ser un indicador 4iable del valor del bien y ambos se distancian cada vez más( pues como dijo Antonio Machado:“ solo el necio confunde valor y precio”).
Este fenómeno ha ocurrido en bastantes ocasiones a lo largo de la historia del hombre, pero la primera burbuja, documentada como tal, suele atribuirse a la denominada Tulipomanía, o Crisis de los Tulipanes, que padecieron los Países Bajos en fechas cercanas a la publicación del Quijote, leitmotiv del presente número de nuestra revista.
15