Los ojos de color miel de Sophie vieron a Pedro acercándose pero no le remitieron
mayor interés, ella continuó ensimismada en la venda que envolvía su mano. La última
vez que se vieron discutieron y Helena en un ataque de furia le tiró un vaso de cristal.
En un intento de esquivarlo, el vaso estalló en la mano de Sophie, rompiéndose y los
cristales quedaron incrustados en la palma de su mano. Sophie, a pesar de la herida,
ha seguido con sus rutinas diarias: escribir mensajes a sus amigos, estudiar para los
exámenes, jugar al pádel, al tenis...la herida no acaba de cicatrizar y siempre lleva la
venda manchada de sangre y lo impregna todo.
Después de unos minutos de caos y confusión toman la decisión de avisar a la
policía.Todos acuden enseguida al centro, pero cuál fue su sorpresa al encontrar a los
periodistas acechando ya en la puerta con sus cámaras, focos y micros en busca de
noticias sangrientas que aumenten la audiencia. La policía se abre paso entre la
multitud de periodistas. Nadie sabía cómo se habían enterado pero conocían la noticia
antes que los familiares de la víctima. Una vez dentro, son conducidos por la conserje,
Laia Domínguez, al lugar de los hechos para proceder al reconocimiento del lugar.
Precintan el laboratorio para evitar la manipulación y contaminación de las pruebas.
Ordenan también el cierre inmediato del Instituto y la evacuación de todos los alumnos,
excepto los de 1º de Bachillerato, ante un nuevo posible asesinato. Los profesores se
distribuyen la tarea de avisar a las familias para que vengan a recoger a los alumnos.
Mientras los alumnos son evacuados, llegan al centro varios agentes de la policía
científica para realizar la inspección técnico ocular en el lugar de los hechos ya que
tiene que evitar por todos los medios posibles la desaparición de pruebas o la
contaminación de estas. Una vez inspeccionado el lugar y analizado el cadáver
empiezan a numerar metódicamente todas las pistas e indicios al tiempo que intentan
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