Capítulo XIII
El puzle toma forma.
A las ocho menos cuarto de la mañana de un soleado domingo que invitaba más a
pasear que a trabajar, los tres investigadores se hallaban sentados en el despacho de
Mariano saboreando una taza de café y unos cruasanes que había comprado Noa en la
cafetería que estaba cerca de la comisaría. Pensaban en cómo iban a abordar, el largo
día que se les presentaba; dudaban si llamar primero a declarar a Prudencio Aguilar o
ir a ver si Sara tenía algún resultado más, pero temían agobiarla, así que decidieron
llamar a declarar al abogado. Este enseguida contestó al teléfono y aceptó a
regañadientes ir a declarar pues consideraba que él no tenía nada que ver con el
asunto y además esas no eran horas de llamar en un día de descanso.
Eran las nueve de la mañana cuando el abogado se personó en las dependencias de la
comisaría elegantemente vestido y peinado. Noa inició el interrogatorio:
Ya que conocía a la víctima personalmente, ¿puedes decirnos cómo era?
Desiré, en mi modesta opinión era falsa, traicionera, poco amiga de sus amigos,
interesada… en el fondo, creo que tenía celos de Helena porque, a pesar de
pertenecer a una familia acomodada no le prestaban la suficiente atención y se
sentía desatendida a nivel afectivo.
¿Qué relación tenía usted con la víctima?
La conozco desde que era pequeña porque venía a jugar a casa de Helena por
las tardes después de salir del colegio y yo, como ya saben ustedes, vivía allí
porque al morir mis padres Don Federico me acogió.
¿Dónde estaba usted en el momento en que se cometió el asesinato?
53