Tenemos que decidir si la interrogamos en la comisaría o en su casa! comentó Noa
Mejor en la comisaría dijo Mariano estaremos más seguros. Pero antes hay que llamarla para que venga. Llamaron por teléfono al padre de Helena para citar a su hija a las 16.30 en comisaría. Este descolgó el teléfono enseguida y les contestó a regañadientes que Helena estaría allí a esa hora. Los tres agentes se dirigieron a la comisaría para ir preparando el interrogatorio. Fueron puntuales, el reloj de su despacho marcaba las cuatro y media exactas de la tarde cuando se presentaron en comisaría Helena Ferrucho acompañada de su abogado Prudencio Aguilar. Este, era un hombre de unos 30 años, de piel muy blanca, moreno de pelo, y mirada seria que se escondía detrás de unas gafas pequeñas. Iba vestido con un traje de primera calidad que denotaba el alto poder adquisitivo que tenía ya que le sentaba como un guante. Trabajaba en el despacho de abogados de Don Federico Ferruccio, el cual le acogió como si fuera hijo suyo al quedarse huérfano cuando solo tenía unos diez años. Los padres de Prudencio formaban parte del personal de servicio de Don Federico y eran de su total confianza por eso cuando murieron los dos en un accidente de tráfico él lo acogió y le pagó los estudios de Derecho en la Universidad de Barcelona. Los tres agentes no se sorprendieron de su presencia ya que tenían claro desde un principio que Helena no acudiría a declarar sola, que iría acompañada de algún hombre de confianza de su padre y así resultó ser. Una vez sentados en la sala de interrogatorios, Mariano rompió el hielo con la primera pregunta:
¿ Cuál era tu relación con Desiré?
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