Capítulo IX
Entre harpías anda el juego
Los tres investigadores, después de discutir durante unos minutos decidieron que la
siguiente en declarar sería Sophie, pero esta vez, en lugar de ser interrogada en la
comisaría serían ellos los que acudiesen a su encuentro en su propia casa.
Sophie vivía con sus padres en la casa de los abuelos maternos. La casa, por si se la
puede calificar así, era un costoso chalet en una de las urbanizaciones más lujosas de
Peñíscola. Estaba rodeado por una alta y fortificada valla que escondía un cuidado
jardín que daba acopio del alto poder adquisitivo que tenía la familia. Llamaron al
interfono y no tuvieron que esperar mucho para entrar ya que les abrió la puerta el
jardinero que en ese momento se hallaba junto a ella. Les condujo hacia el porche
donde se encontraba la abuela de Sophie sentada en un mullido sillón acompañada de
un dócil perro al que cepillaba cariñosamente. La mujer, al verlos llegar paró en seco su
actividad y extrañada les preguntó:
¿Cuál es el motivo de su visita?
A lo que Mariano respondió un tanto extrañado como usted debe de saber, ayer
se produjo un asesinato en el instituto donde estudia su nieta y casualmente ella
se encontraba en el laboratorio donde ocurrieron los hechos, así que venimos a
interrogarla por ser una posible sospechosa.
Mi nieta es incapaz de hacer una cosa así, se desmaya solo ver una gota de
sangre, por lo tanto dudo que sea ella. Pero ahora la llamo para que la
interroguen en mi presencia.
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