que podríamos definir como sensoriales o extrovertidos, es decir
entretenimientos en los que participa poco o nada el intelecto.
Porque incluso aquellos que dedican mucho tiempo a leer, lo que
hacen es aumentar sus conocimientos sobre lo que otros han escri-
to, pero lo normal es que tampoco dediquen tiempo a considerar
si lo que han leído es cierto, o a averiguar si hay alguna conclu-
sión no descubierta hasta el momento que se pueda deducir de lo
aprendido, y eso en los casos en los que se han leído libros cientí-
ficos y no simples novelas, pues las novelas aunque entretienen,
en muchos casos carecen de rigor científico. Yo en cambio, desde
mi niñez, siempre fui propenso a dudar de todo, por ello, primero
trate de mejorar mis conocimientos aprendiendo un poco de todo
en lo referente a la ciencia, y después en segundo lugar intente
utilizar esos conocimientos científicos para tratar de deducir todos
aquellos aspectos de la ciencia y del mundo que no tenían una
respuesta satisfactoria. Podría decirse que al adentrarme en este
campo pase a hacer una tarea más propia de un filósofo que de un
científico, pero esto solo es un punto de vista, porque a mi enten-
der la filosofía no tiene por qué ser considerada menos que cual-
quier otra rama de la ciencia. Porque solo la filosofía permite
coordinar todos los aspectos del conocimiento en uno y sacar
conclusiones sobre ello. Lo cierto es que solo la capacidad para
dudar nos puede proporcionar la voluntad necesaria para aden-
trarnos en la búsqueda y encontrar la verdad sobre el mundo que
nos rodea, pero lamentablemente, son pocos los que tienen tiempo
y voluntad para adentrarse en ese mundo inexplorado, que es la
meditación y la filosofía. Es difícil determinar qué hace que una
persona se distancie de la versión de la realidad aceptada por la
mayoría, pero supongo que en mi caso, uno de los posibles desen-
cadenante de esta actitud, sería el hecho de sentirme desengañado
sobre cosas como los métodos de enseñanza en las escuelas, de-
masiado dedicados a imponer la verdad oficial que nos pretenden
inculcar los políticos o la dirección de los centros educativos an-
tes que fomentar la capacidad para buscar la verdad por uno mis-
mo y con ello nuestra propia libertad mental. Yo prestaba poca
atención a los libros del colegio, porque más que intentar fomen-
tar el interés por la cultura, estaban encaminados a memorizar lo
que interesaba, por ello, yo sacaba malas notas en los exámenes,
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