MIS HISTORIAS MARRUECAS LIBRO de HISTORIAS MARRUECAS | Page 38

que la gente al verlas parecíamos unos santos con montones de moscas a tus espaldas. Prosigo con la historia. Por mi condición de militar, me encontraba de guardia al ser domingo. En las oficinas de la Intervención Comarcal estas guardias sólo la hacíamos los soldados-oficinistas que prestábamos servicio allí. Los funcionarios que pertenecían a este centro eran miembros de la Hacienda Española y tenían su horario normal. Las guardias eran de 9 de la mañana hasta las 10 de la noche, además del oficinista de guardia te acompañaba un radiotelegrafista que transmitía las novedades. Serían alrededor de las 2 de la tarde, en mi departamento andaba yo escribiendo una de mis cartas a “mi parienta” del pueblo cuando… Noté una agradable, pero lejana musiquilla. Que al principio yo creía que era cosa de mi imaginación, pero, al cabo de un rato aquello que parecía un susurro que fue creciendo y creciendo en intensidad, hasta convertirse en un maravilloso estruendo, fuerte, ruidoso... Sí, era una música española muy conocida... ¡Claro!...¡Claro!. Era el famoso pasodoble ¡ESPAÑA CAÑÍ!. Me levanté corriendo hacia el vestíbulo de la Intervención Comarcal y me encontré perfectamente engalanada a… toda ¡UNA TUNA!. Era la Tuna Universitaria de Murcia, con sus trajes negros, sus cintas de colores y sus escudos de fieltro sobrepuestos. Aquello fue para mí algo emocionante. Cuando terminaron de tocar se presentaron; eran unos estudiantes murcianos que venían a Marruecos en viaje de fin de carrera. Así que de inmediato subí al piso del Comandante Interventor, don Vicente Ibáñez Navarro, para ponerle al corriente de aquella visita, el cual bajó para saludarlos, deseándoles su mejor estancia en la ciudad. 38