MIS HISTORIAS MARRUECAS LIBRO de HISTORIAS MARRUECAS | Página 114

poblado). Y que todas las sospechas recaían en el marido, pues a pesar de su corta edad estaba supuestamente casada. Esto caso era inadmisible para nuestra cultura occidental, pero muy común en aquellas tierras musulmanas. Sin embargo, a pesar de su condición marital, aquel hombre le tenía terminantemente prohibido, mantener las relaciones sexuales con su mujer, en algunos años, por ser lógicamente aún una niña. Al parecer y aprovechando la ausencia de la madre de la chica, que se encontraba en un viaje familiar en otro poblado, el impresentable marido abusó de la niña y cometió dicho crimen. Las investigaciones sobre este caso las llevaban a cabo tanto la policía española como la musulmana. Mi trabajo consistiría en el de tramitar el “papeleo”, para encarcelar a aquel presunto asesino. Así pues, cumpliendo con los trámites en estos casos, mandé el correspondiente escrito al Jefe de Prisiones, que era una entrañable persona llamada don Abelardo Rodríguez, si mal no recuerdo. Estando, como digo, ocupado en estos menesteres llegó una pareja de “Mejaznis” (la policía musulmana) con otro musulmán detenido, el cual había sido detenido en la frontera con la zona francesa. Al parecer se había fugado de la gendarmería gala y al ser detenido en nuestro territorio, el trámite a seguir sería igual que en el caso anterior; Iniciar su expediente y a continuación remitirlo a la Prisión de la ciudad, acompañado por dos policías marroquíes. Aquel preso musulmán tendría unos 30 años, yo lo recuerdo con toda claridad, a pesar del tiempo trascurrido. Que confesó en el cuartelillo de la “Mejaznía”, que no era argelino, que en realidad era egipcio y que actuaba como un activista contra la ocupación francesa en Argelia. 114