Quien quiera que fuese el ocupante de la casa 222 del sector 1 de la villa del Bajo Flores, lo cierto es
que se negó a firmar la intimación. Esa persona anónima fue probablemente uno de los 87 villeros
que presentaron un recurso de amparo junto a Emilio Mignone, como una forma incipiente de
resistencia frente al plan de erradicación de villas de la dictadura militar. Pero fueron muy pocos los
que lograron tomar aire y recuperar oxígeno para organizarse en medio del huracán de terror y
violencia con la que el gobierno militar se deshizo, en cuatro años, de 200.000 “indeseables” de esta
ciudad. La sangre fría y el trasfondo racista de aquella política de erradicación salen a flote ahora,
palabra por palabra, en El Libro Azul de Cacciatore, que las actuales autoridades de la Comisión
Municipal de la Vivienda encontraron en sus oficinas y que refleja cómo, cuándo y por qué miles de
personas fueron cargadas en camiones junto a sus pobres pertenencias y trasladadas hacia oscuros
rincones más allá de la General Paz.
El brigadier Osvaldo Cacciatore, a la sazón intendente de Buenos Aires tras un reparto de poderes
entre las tres Fuerzas Armadas, sancionó el 13 de julio de 1977 la ordenanza 33.652, por la cual la
Comisión Municipal de la Vivienda (CMV) quedaba a cargo del “plan integral de erradicación” de
villas. El titular de ese organismo, Guillermo del Cioppo, hizo una síntesis del espíritu de su trabajo
expulsor tres años más tarde: “Hay que hacer un trabajo efectivo para mejorar el hábitat, las
condiciones de salubridad e higiene. Concretamente: “Vivir en Buenos Aires no es para cualquiera
sino para el que la merezca, para el que acepte las pautas de una vida comunitaria agradable y
eficiente. Debemos tener una ciudad mejor para la mejor gente”.
-Desaliento y erradicación, política de la dictadura
Los habitantes de la villa de Bajo Flores como los otros sectores de la ciudad supieron de diversas
formas de agresión, desalojos compulsivos con topadoras, razias violentas, desinfecciones
denigrantes, incendios sospechosos3 y planes de erradicación indigentes. Entre los años 55 y 63 y
desde el 67 en adelante fueron encaradas
varias de esas “soluciones”.
A esa altura, el plan gestado en 1977 estaba
teniendo éxito y Del Cioppo tenía de qué
jactarse. En un mamotreto que data de ese
año, llamado “El Libro Azul”, Cacciatore y
sus funcionarios dejaron constancia de cómo
articularon el éxodo forzado de los
habitantes de las villas. Fue fascistamente
simple, dividieron el plan en cuatro pasos,
que ejecutaron puntillosamente:
“Congelamiento/Desaliento/Erradicación/Or
denamiento Social y Edilicio”, reza un burdo
cuadro sinóptico. En el segundo y en el
tercero de los ítems, los funcionarios de la dictadura descargaron el terrible peso de sus políticas. En
materia de “Desaliento”, se encargaron de hacer imposible la vida en las villas, impidiendo abrir
comercios, abastecerse, organizarse, distraerse, circular. Cuando llegó la hora de la “Erradicación”,
sin embargo, se encontraron con gente obstinada que estaba acostumbrada al desaliento y que
persistía en ocupar sus casas. Recurrieron entonces a un no-argumento: los borraron del mapa por la
fuerza. El punto uno del plan era el “Congelamiento”, lo que supuso impedirles la entrada a las villas
a nuevos migrantes y relevar exhaustivamente a la población existente hasta entonces. Cuando los
militares llegaron al poder, en Buenos Aires vivían 224.885 villeros, cifra proporcionada por las
3
La invención del fuego para expulsar a un indefenso vecindario tiene su antecedente en Villa Basura.