MIRADAS DEL SUR - BAJO FLORES | Page 22

Pero aun contemplando estas excepciones de localizaciones pampeanas, se observa que en todos los posibles emplazamientos se buscaba resolver el problema del aeropuerto en sí, sin incorporar otro tipo de funciones o actividades relacionadas o compatibles con él. Estas propuestas no eran disparadoras de desarrollos urbanísticos como luego sería Ezeiza. En tal sentido, se construyó un paisaje particular y atípico en el conurbano, asegurando a su vez, una reserva verde para Buenos Aires; según la tradición que contemplaba el Proyecto Orgánico de la Comisión de Estética Edilicia (1925), con la creación del Parque La Tablada (Bajo Flores); idea que fue retomada en la década Siguiente como la del Gran Parque del Sur realizada por la Dirección del Plan Regulador y retomada a partir de 1943 por la Dirección de Obras Públicas y Urbanismo II. La cuenca del Matanza constituía la prolongación del Bajo Flores porteño en el Gran Buenos Aires; la operación de Ezeiza extendía así la tradición de los parques a la aglomeración metropolitana pensada como una totalidad. Incluyó ámbitos de esparcimiento (balnearios, colonias de vacaciones y bosques), forestación del área, instalaciones deportivas (Villa Olímpica), nuevas vías de comunicación (autopista Richieri), conjuntos de vivienda (Ciudad Evita y Barrio Aeropuerto) e instalaciones asistenciales, educativas y de salud (hogar-escuela, varias escuelas y un hospital). Su gestación comenzó durante el gobierno de 1944 a cargo del Gral Juan Pistarini, Ministro de Obras Públicas (MOP), y para la caída del peronismo había tomado su configuración actual. Desde el punto de vista arquitectónico, su significación es también relevante y ocupa un lugar destacado en el imaginario peronista. El momento de su creación, la envergadura, la condensación de programas creados y propagandizados por el peronismo que comportaba modernización técnica (alemana y estadounidense), servicios sociales, esparcimiento popular: los sueños del peronismo fueron allí condensados. (3)- Este arroyo se encontraba en el SO del Partido de Flores. Su primitivo nombre, “Campana”, refiere al nombre del acaudalado propietario de las tierras que atravesaba. Su nombre actual es una deformación de “Cidañez”, apellido otro propietario cuya quinta formó parte de la primitiva chacarita de los Talas, de la Familia de Rivadavia adquirida a Don Juan Miguel Flores, fundador del Partido. El Cildañez atravesaba el Bajo flores para desembocar en el Riachuelo, cruzando los Nuevos Mataderos de Liniers y era el recipiendario de todos los deshechos de este establecimiento, de forma tal que los vecinos lo denominaban despectivamente “arroyo de la sangre”. Numerosas gestiones ante la Municipalidad culminaron con su entuba-miento. Como dato curioso se puede agregar que está unido al Maldonado a través de un desagüe subterráneo realizado con el fin de aligerar las aguas de este último a la altura del barrio de Versalles. Bibliografía: -“El bajo Flores. Un barrio de Buenos Aires”, Ángel O Prignano. 2ª Edición. Junta de Estudios Históricos de San José de Flores. -“San José de Flores. El pueblo y su partido” (1580-1880), Arnaldo Cunietti- Ferrando. -“La operación territorial Ezeiza” (1944-1955). Arqta. Anahí Ballent. Seminario de crítica. Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas. 1996.