¿EJEMPLOS DE ESTO?
“A los 15 años desarrollé bulimia. Estudiaba en un colegio femenino y el bullying con las compañeras que no eran tan bonitas o que eran más gruesitas era tremendo, muy fuerte. Todos los días había burlas y ataques, sobre todo concentrados en la apariencia”, expresa Ana Marenco*, quien en la actualidad tiene 23 años.Cuenta que su enfermedad duró año y medio, y que empezó a tratarla después de que fue descubierta por su madre “en pleno acto” de vomitar. Superarla le representó asistir a terapia y muchos meses tratando de aceptarse a sí misma.
Esta joven confiesa que aún hoy siente las secuelas de ese trastorno que la aquejó en su adolescencia. “Aunque el bullying no estaba dirigido hacia mí, me generó un temor muy grande, porque si bien yo no era gordita, sí era caderona. Entonces, por no sufrir los ataques, empecé a vomitar para no engordarme. Hay que tener en cuenta que cuando uno es adolescente es muy vulnerable”, cuenta Ana, quien es ingeniera industrial y ha trabajado en el mundo de las finanzas corporativas.
Su experiencia la motivó a convertirse años después en una de las fundadoras de Amis, una herramienta tecnológica que permite identificar y medir problemas de convivencia escolar, entre los cuales se encuentra el bullying.