Lo primero que tenemos que decir y como siempre apuntamos, es que el árbol no sufre ningún daño con la saca del corcho, puesto que son personas muy expertas (tardan años en dominar este oficio) quien se encarga de manejar el hacha y solo hacen el corte en el corcho, nunca tocan la capa madre o dicho de otro modo nunca llegan con el hacha a tocar la madera del alcornoque.
¿Por qué sabemos que el alcornoque no sufre con este proceso?
Pues no, no se lo hemos preguntado al árbol. Pero para estar tan seguro de ello solo tenemos que conocer la composición del corcho. Y es que este material es una superposición de capas de células muertas poliédricas y que están rellenas en su mayoría, casi un 90% de gas, siendo el mayor porcentaje de gas el nitrógeno, lo que le aporta su compresibilidad y su leve peso.
Además estas células están formadas por suberina y cerina, substancias que hacen que el corcho sea ignífugo, flexible y un material casi imputrescible.
Esta composición del corcho hace que al alcornoque no le “duela” cuando le quitamos el corcho, es similar a cuando nosotros nos cortamos el pelo o las uñas, a no ser que nos rocemos con la tijera la piel, no nos duele. Son células muertas.
El alcornoque, cada primavera, crea una nueva capa de epidermis, formado por anillos que crecen de dentro hacía fuera del árbol.
Además, como hemos dicho en otras ocasiones, la saca, se hace en los meses más calurosos que es cuando circula la savia por la corteza del árbol, facilitando el desprendimiento de la corcha del árbol.
La vida media de un alcornoque son unos 300 años, pero tenemos árboles de más de 500 años a los que se les sigue sacando el corcho cada verano.
Como último dato te diremos que un alcornoque el que se le saca el corcho, produce casi 5 veces más corcho que un ejemplar sin tocar. Lo que hace que aumente la cantidad del CO2 fijado y contribuya en mayor medida a colaborar contra los efectos del cambio climático.