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Atención medica a personas de
bajos recursos
La buena atención médica es el tipo de
medicina que practican y enseñan los líde-
res reconocidos de la profesión médica en
un cierto periodo del desarrollo social, cul-
tural y profesional de una determinada co-
munidad o grupo de población.
Los criterios en que se basan los procedi-
mientos básicos de la atención médica en
lo relativo tanto a prevención y diagnósti-
co de las enfermedades como a su trata-
miento, no son sin embargo estándares
definitivos. La práctica médica es un arte,
y como tal no puede ser estandarizado,
del mismo modo que no se puede unifor-
mar el arte de escribir. Todo escritor obe-
dece ciertas reglas de gramática, pero ca-
da uno mantiene la individualidad de su
expresión; de manera similar, algunos as-
pectos básicos de la práctica médica ac-
tualizada se aceptan de manera general,
aunque cada médico desarrolla sus pro-
pios métodos y procedimientos. Por tanto,
en la descripción de los servicios esencia-
les para una buena atención médica, úni-
camente se han utilizado los requerimien-
tos más ampliamente aceptados. En una
definición así no tienen lugar los detalles
técnicos, que deben ser buscados en las
fuentes apropiadas: libros de texto y re-
vistas especializadas de medicina, odonto-
logía, enfermería y salud pública.
1. La atención médica correcta se limita a
la práctica racional de la medici-
na, sustentada en las ciencias médicas. En
la medicina moderna no tienen lugar los
charlatanes, curanderos o magos: cual-
quier sistema de prevención, diagnóstico o
tratamiento que no se fundamente en la
observación racional y la deducción, ad-
quiere un carácter azaroso que es incom-
patible con una buena atención médica, y
confiere una base muy poco sólida para la
adquisición de salud.
"Los avances en la medicina y las ventajas
que de ellos se han desprendido son resul-
tado exclusivo de la aplicación del método
racional de observación y experimenta-
ción. Para controlar la naturaleza debemos
antes que nada comprenderla. Y aquella
concepción que ve a la naturaleza como
una vieja nodriza bondadosa resulta ya
insostenible, al igual que la noción de una
naturaleza salvaje con los colmillos y las
garras teñidos de rojo. Menos aún pode-
mos tolerar el cuadro que pinta a la natu-
raleza como una madre generosa y abun-
dante. Si acudimos a ella pidiendo algo a
cambio de nada, lejos de ser generosa nos
dará tanto como le hemos dado, y a aquél
que le extiende la mano de mendigo, si
acaso le dará una pequeña limosna. Así,
esta concepción ha servido para que el
mago y el brujo piensen que pueden hacer
que la naturaleza les de todo por sus sim-
ples encantos. 1
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