Como la mayoría de los colombianos, tengo altas expectativas
con respecto a la paz y al desarrollo que esta podría generar en
nuestro país. Pero también estoy altamente preocupado por
los efectos que dicha paz generaría en materia ambiental y por
la ausencia del tema en las mesas de negociaciones. Es claro
que, si no se prevé esa nueva circunstancia, podríamos destruir
parte fundamental de nuestra riqueza natural.
Hace una década se mostraron en televisión algunas imágenes
del “Mono Jojoy”, en las cuales aseguraba a los soldados
secuestrados que en la selva solo quedarían “los paujiles, las
tinajas y todos esos animalitos”. Y afirmaba también que la
guerrilla abandonaría las selvas. Hoy nada de lo anterior se ha
cumplido: la subversión sigue en sus campamentos, pero “los
paujiles, las tinajas y todos esos animalitos” han venido
abandonando las selvas y los bosques, o simplemente
desapareciendo.
Hace algunos meses había escrito sobre la responsabilidad que
le cabe a la guerrilla en este fenómeno. De allí la necesidad de
profundizar en la manera cómo el posconflicto podría llegar a
afectar estos ecosistemas.
El problema no se reduce a la extinción de las especies de fauna.
Quizá puede llegar a ser más grave el problema generado por la
contaminación irreversible del agua, la deforestación masiva y la
crisis social derivada de la necesidad de generar medios de vida
adecuados para un sinnúmero de personas que solo saben vivir
en las selvas. El fondo del asunto está en generar medios de
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