Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Seite 936

936 Ana María Chávez Galindo, Carlos Lemus Ramírez 1998 y Stan en 2005, los terremotos de 2001 en El Salvador y los continuos en Guatemala, el deslave del volcán Chinchontepec en 2009, dejaron paí- ses devastados, más empobrecidos, sin empleos, con carencias de servicios públicos y una deteriorada infraestructura educativa y de salud. Las circunstancias desfavorables en los países de Centroamérica, presen­ tes en los años noventa y dos mil, se agravan por un crecimiento de la de­ lincuencia organizada que mueve drogas del sur al norte pasando por estos países; el surgimiento de las maras o pandillas y grupos delictivos, sobre todo en Honduras y El Salvador (Ramos, 2013); la frecuente extorsión a la que han estado sujetos; así como la corrupción que impera en ellos. Estos hechos han producido un aumento significativo de los homicidios y la violencia que imperan en los países del Triángulo Norte (gráfica 1) y han contribuido a la salida masiva de sus pobladores hacia países como Mé- xico, pero principalmente hacia Estados Unidos (Castillo, 2000), país que requiere de una gran cantidad de mano de obra, con distintos niveles de cali­ficación para mantener el ritmo de crecimiento de su economía. Es así que, desde la década de los años noventa, se consolida el despla­ zamiento de guatemaltecos, hondureños y salvadoreños (gráfica 2), además de migrantes procedentes de Sudamérica, África y Asia. Todas parten en búsqueda de nuevas oportunidades de vida y trabajo en Estados Unidos o bien en México, país que utilizan como paso hacia Estados Unidos (Cas­ tillo, 2000, 2003; Casillas, 1996, 2008; Rodríguez, 2011, 2014; Chávez y Landa, 2008; Rojas, 2015). M agnitud de la migración en tránsito La magnitud del flujo de migrantes en tránsito es incierta porque su per­ manente movilidad dificulta realizar estimaciones precisas de estos mo­ vimientos de la población, 6 como lo señaló Düvel (2008). Las cifras se han Para el año 2010, según información de la Encuesta sobre Migración en la Frontera Sur de México (EMIF SUR), el flujo de migrantes centroamericanos que ingresa o sale de México por la frontera sur muestra un crecimiento tanto de las entradas como de las salidas, comparado con lo que ocurría en el primer semestre de 2004. En ese último año, el flujo de entrada por la frontera sur de nuestro país fue de 266 014 guatemaltecos de 15 años y más con intención de trabajar o buscar trabajo en México o en Estados Unidos. En el mismo periodo, la encuesta estima que el flujo de salidas hacia Guatemala por la misma frontera fue de 153 630 migrantes. El saldo neto que reportan estos movimientos fue de 112 384 personas aproximadamente que se quedaron en México o llegaron a Estados Unidos. Hacia 2006 se calcula que el flujo de en­ trada fue de 153 500 guatemaltecos, el de salida de 89 248 guatemaltecos, lo que arroja un saldo migratorio de 64 252 personas. Los datos del 2010 muestran una reactivación de los flujos tanto de entrada como de salida por la frontera sur, alcanzando sus máximos valores de 6