Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 112

112 Raúl Delgado Wise, Selene Gaspar Olvera los inmigrantes mexicanos ocuparon el 7.1% de los 5.7 millones de nuevos empleos e incrementaron su participación entre 2008 y 2016 en 5.8%, lo que en términos absolutos equivale a 406 mil nuevos empleos. Cabe recor­ dar que en 2009 la tasa de desempleo de los mexicanos en Estados Unidos alcanzó su máximo histórico con 13.3% (Delgado y Gaspar, 2012). No obs­ tante, su recuperación fue muy rápida y al siguiente año descendió a 12.6%, y continuó descendiendo hasta alcanzar en 2016 una tasa de desempleo de 5.1%, incluso inferior a la que tenía en 2007 (5.5%). Por su parte, 2.2 millo­ nes de nativos de origen mexicano se sumaron al mercado laboral entre 2008 y 2016, es decir, incrementaron su número al 37.0% y ocuparon el 38.5% del total de empleos generados en el periodo (cuadro 1). Es justo señalar al respecto que el movimiento de la migración mexicana a Estados Unidos está positivamente correlacionado con la tasa de desempleo en aquel país. Es decir, uno de los motores principales de la emigración mexicana ha sido la demanda de empleo, incluso la evidencia muestra que en términos de contracción económica la tasa de desempleo de los inmigran­ tes mexicanos aumenta y, ante el menor indicio de recuperación económica, desciende. En este sentido, decir que los mexicanos están quitando empleos a los nativos es un mito que contradice la evidencia. En todo caso, como se verá más adelante, no se trata de un simple juego de oferta y demanda la­ boral, sino que —en el trasfondo de este comportamiento— subyace una estrategia corporativa tendiente a reducir costos laborales sin importar sus repercusiones para los migrantes y sus familias, ni para la clase trabajadora en general de los Estados Unidos. De hecho, mientras la población nativa blanca de ascendencia no extranjera disminuyó año con año (0.4% anual 2008-2016), por un efecto del envejecimiento, la participación de la pobla­ ción nativa de origen extranjero en la fuerza laboral tendió a incrementar- se a una tasa de 1.9% anual entre 2008-2016 (Gaspar Olvera, 2017). Se prevé que el número de estadounidenses aumentará a más del doble, al pasar de 46 millones en 2016 a más de 98 millones en 2060 (Mather, Jacobsen y Po­ llard, 2015). El impacto de la migración mexicana hacia el país vecino del norte ha sido contrastante para ambos países. En México ha sido el fruto de un pro­ ceso de integración asimétrico y subordinado que ha traído consigo el desmantelamiento del aparato productivo, comercial y de servicios nacio­ nal, bajo una lógica de maquilización y extractivista acompañada de una disminución en la capacidad para generar empleo con el consecuente des­ encadenamiento de dinámicas de expulsión y descomposición social (Cypher y Delgado Wise, 2011). A tal grado se ha dado este proceso, que el país ha tenido uno de los peores desempeños en términos de crecimien­ to económico de toda América Latina. En Estados Unidos, en contraste, ha