Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 1008
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Rodolfo Casillas R.
tres cosas: 1) México no fue, no ha sido, ni hay sustento para pensar sea
lugar atractivo para una inmigración extranjera numerosa de países de ma-
yor desarrollo industrial, técnico y financiero; 2) México es origen de un
caudal importante de población mexicana emigrante, y 3) lo más novedo
so: México es un espacio relacionante entre dos polos migratorios importan-
tes, a distinta escala (Estados Unidos y Costa Rica/Panamá), pero que atraen
más volumen migratorio que México. En efecto, es de conocimiento general
que Estados Unidos es uno de los grandes imanes poblacionales del mun
do, pero es menos conocida la atracción inmigratoria de Costa Rica que,
en términos relativos, es mayor que la mexicana, en particular de migrantes
nicaragüenses y de Panamá que ha mantenido una tasa de crecimiento
económico atractiva. Si a ello agregamos los distintos flujos intracentro
americanos, México no es un destino atractivo, pero sí es un lugar obligado
de transitar para numerosos flujos migratorios internacionales, en particu
lar los que van al norte continental, a Estados Unidos y Canadá.
Ser un espacio relacionante y origen migratorio no es cosa menor, pero
sí lleva a reconsiderar las prioridades migratorias del Estado mexicano (así
como considerar que la inmigración extranjera no es tema prioritario por
su volumen). Esas dos características han estado presente en la relación
con Estados Unidos, pero en tanto que ellas han estado subordinadas a una
aspiración de integración al norte continental (algo que no es compartido
por Estados Unidos, como reiteradamente lo han dicho los gobernantes
de ese país; D. Trump no es el único en hacerlo, sólo es el más “políticamen
te incorrecto” al decirlo de manera cruda, directa y hasta distorsionada), ha
habido costos altos tanto para las poblaciones migrantes internacionales,
para el prestigio internacional de México, para las instituciones guberna
mentales involucradas y para la sociedad en general, como se verá a conti
nuación. Dicho de otra forma, lo que se mantiene de la trayectoria migratoria
histórica es la relación con Estados Unidos, pero los contenidos y términos de
ésta tienen que cambiar, antes que los ajustes que vengan del exterior vuelvan
a implicar más costos para México.
En toda la historia de México, como Estado soberano, no hay un sólo
momento en que estadísticamente hablando la población extranjera en
el país haya representado un porcentaje considerable. Para 2015, según el
dato más reciente del INEGI, había un 1 007 063 de extranjeros residiendo
en México (0.83% de la población total en el país). De esa cifra, 42 874 eran
guatemaltecos, 14 544 eran hondureños y 10 594 de El Salvador (posiciones
2, 9 y 10 entre las diez nacionalidades más numerosas en México). Es decir,
la población originaria de estos tres países centroamericanos sumaban 68 012
personas (6.7% de la población extranjera en México), mientras que la pobla
ción nacida en Estados Unidos que vivía en México era de 739 168 (73.4%