Mi primera publicacion Portafolio Herramientas Informáticas | Page 31
UNIVERSIDAD ESTATAL PENÍNSULA DE SANTA ELENA
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN E IDIOMAS
CARRERA DE EDUCACIÓN BÁSICA
Humildad Intelectual: Estar consciente de los límites del propio conocimiento, teniendo
especial cuidado al enfrentarse a circunstancias en las cuales el propio egocentrismo
puede resultar engañoso; prestar atención a prejuicio, a los sesgos o tendencias y a las
limitaciones del punto de vista propio. La humildad intelectual radica en reconocer que
uno no debe pretender que sabe más de lo que realmente sabe. No significa sumisión ni
debilidad. Es la carencia de pretensión intelectual, jactancia o presunción combinada con
el reconocimiento de las fundamentaciones lógicas o la carencia de ellas, respecto de las
creencias propias.
Valor Intelectual: Estar consciente de la necesidad de enfrentar y atender con justicia,
ideas, creencias o puntos de vista hacia los que tenemos emociones negativas fuertes y a
las que no hemos prestado seria atención. Este coraje se conecta con el reconocimiento
de que algunas ideas que consideramos peligrosas o absurdas pueden estar justificadas
racionalmente (en todo o en parte) y que conclusiones y creencias que nos han sido
inculcadas pueden a veces ser falsas o equivocadas. Para poder determinar por nosotros
mismos qué es qué, no podemos aceptar pasivamente y sin crítica lo que hemos
aprendido. Aquí entra en juego el coraje intelectual ya que, inevitablemente, llegaremos
a encontrar alguna verdad en algunas ideas consideradas peligrosas y absurdas y algún
grado de falsedad o distorsión en algunas ideas muy afianzadas en nuestro grupo social.
Necesitamos coraje para ser consecuentes con nuestro propio pensamiento en estas
situaciones. Hay que reconocer que puede haber consecuencias serias para el inconforme
(aquel que expresa su desacuerdo).
Integridad Intelectual: Reconocer la necesidad de ser honesto con su propio
pensamiento; ser consistente en los estándares intelectuales que aplica; someterse
personalmente a los mismos estándares rigurosos de evidencia y de prueba que se exigen
a los antagonistas; practicar con otros lo que se predica y admitir con honestidad las
inconsistencias de pensamiento y acción en las que uno incurre.