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LETRA VIVA LIBROS | Av. Coronel Díaz 1837 | Ecuador 618 | Buenos Aires, Argentina | Telefax 4825-9034 | www.imagoagenda.com Novedades editoriales Entrevista a Paola Braslavsky sobre su última novela: Lo que resta de espejo (LetraViva, 2017) ¿Cuál es la trampa de toda representación atribuida al espejo? Una frase de Borges me conmovió: decía algo así como que, por las tar- des, el espejo devolvía la imagen del propio rostro. Borges creía que el arte era ese espejo. Entonces, la trampa -en primer lugar- es pensar que el es- pejo es solamente lo que nos devuelve nuestra imagen cada mañana. En el libro, precisamente, la imagen vira, muta, admite varias lecturas, se desliza entre cadenas de significaciones que se superponen, contradicen entre sí, o bien se bifurcan, se desentienden, se separan, cada una sigue por su lado. La imagen o el espejo es, de pronto, la que un personaje se armó de sí y de los otros. Pero, también, los objetos, los nombres, las temáticas coa- gulan en la figura del espejo. Los personajes ven en otros aquello que es parte de sí mismos. La trampa, la emboscada resulta pensar que todo termina en lo especular. Y no, lo que no se ve –o, agrego, aún no advino- es quizás lo más significativo. ¿Cuántos habitan el espacio entre lo mirado y su imagen? Entre lo que se mira y su imagen, hay mundos. Se superponen identi- ficaciones. Por ejemplo Theo es un personaje quien, desde todos lados, es tironeado para llegar a un ideal, cada vez más indigno. Los fantasmas -los peores- se interponen ahí. No sé si habrá fantasmas más benévolos o dóciles, no los hay en estas historias que se entretejen. ¿Marcas del desamor en el cuerpo? Aislamiento, psicofármacos, alcohol, sexo sin amor, cortes en el cuerpo en busca de algún principio de orden o ritmos donde alojar la vida, bús- queda de algo que haga un recorte posible. Su ausencia conduce a lo peor. El desamor marca los cuerpos. No sé si decir que el amor extremo es desamor o si decir que tanto des- amor como amor extremo marcan, hieren, rompen a los cuerpos. ¿Qué es amor extremo? El ilimitado, el sin-borde, el absoluto. El desamor surge porque la realidad no es tal como fue esperada. No se acepta la distancia entre lo esperado y la realidad, entre el ideal –el mo- delo- y la realidad. Esa distancia no es transformada en tensión vivible ni en libertad. En cambio, lleva a la pérdida. Al menos, es así en los momen- tos más cruciales o en el cuerpo de la nouvelle. Cuando se acerca el final, hay cambios. El cuerpo roto más la sobreexigencia, la fascinación, el des- interés respecto del propio cuerpo contrastan con otras formas en que el amor, en cambio, arma o abraza imágenes corporales o cuerpos. En el li- bro se muestran los contrastes, pero también las posibilidades de articula- ción de estas formas con que el cuerpo expresa el desamor o el amor ex- tremo, por un lado, y, por otro, el amor nuevo, amor-otro. Se invita al lec- tor a trabajar esa articulación entre amores y cuerpos. ¿Cómo se sostiene un cuerpo desamorado? En general, los personajes que son adultos jóvenes en los 80 sostie- nen a sus cuerpos gracias a lo transmitido por las generaciones pasadas en relación con la constancia, no dejarse abatir. Seguir andando, resistir, sostiene. Pero, claro, ahí falta la vitalidad del cuerpo. Se hace presente la disyunción mente-cuerpo. El cuerpo expresa lo que no se puede decir en palabras: en algunos tramos los personajes se acercan a sus problemáti- cas, no las desconocen totalmente, aunque no las puedan resolver. Así y todo, encauzan algunas cuestiones de sus vidas, de modo fragmentario, a través de la vocación. En cambio, el personaje que representa a la nueva generación se sostie- ne con un grado sorprendente de ajenidad respecto de sus sentimientos. En algún punto, parecería que su cuerpo ya no es suyo. Y que ni el des- amor ni el amor extremo pudieran unirse o mezclarse con ese otro amor 56 | Imago Agenda | N° 204 | Verano 2018 que permitiría un cuerpo no desamorado, otro modo de ser y de estar, otra temporalidad en el tiempo cronológico –tomando un poco a Badiou y pensando en la metáfora que se recorre de principio a fin de la nouve- lle en relación con el espejo y el reloj, el espejo en sus diferentes acepcio- nes y matices y las agujas del reloj que por momentos devienen las agu- jas del espejo. Jugar con los términos ha sido una posibilidad que encon- tré en el escribir lo mismo. Pero es también este personaje quien parece avanzar, toma sus retazos y, desde ahí, se liga. Cae y se liga. Una y otra vez. Los restos se van inte- grando en la complejidad de su vida. Devienen restos-trama. El saber intelectual y sus puentes rotos con el cuerpo. Ahí donde los personajes elaboran nuevos saberes en esa reconstruc- ción de la ética después de la Segunda Guerra Mundial y otros horrores posteriores, se encuentran con sus propias fallas, la distancia entre sus dichos y el acto. Pareciera que los cuerpos no pueden entrar en la pro- ducción intelectual de estos personajes y ahí sucumben. Sus desgarros, la incapacidad de aceptar los agujeros en sus vidas no fluyen, no se inser- tan del todo en su producción que -y esta es la paradoja- resulta genuina. Si el arte puede devolver una imagen del propio rostro, no obstante, no es tan claro que pueda hacer entrar al cuerpo en su totalidad. También hay que decir que los lazos familiares en estos personajes son muy intensos, entrañables, por demás. Por momentos, en esos lazos, en los seres cercanos es donde se produce la ruptura de los cuerpos. En el caso de Barry, por ejemplo, la ruptura se ve en su hermana. ¿Cómo religar a esos cuerpos rotos? La articulación interdisciplinaria, la filosofía, cierto tipo de escritura pa- recerían ser los puentes necesarios para religar a esos cuerpos extravia- dos. Para mí, también es la escritura de este libro, en forma fragmentaria, la que busca religar al cuerpo como concepto. En parte, una de las urgen- cias o necesidades de su producción. Algo se dibuja por la vía del encuentro intergeneracional. Pareciera que no es suficiente solo con dos generaciones. Algo se dibuja por la vía de la historia –La Historia y las historias; el pasa- do trabajado por el presente; la historia junto con el azar y la creatividad–. ¿Cómo resumirías la poética del libro? A través del espejo, figura que condensa varios sentidos, pueden se- guirse las preguntas que aún hoy, después de Auschwitz y del poder de la imagen y las redes, reclaman, si no respuestas, al menos reformulacio- nes: ¿qué significa estar advertidos o preparados para lo peor?, ¿por qué la belleza, el brillo –nombres del espejo privilegiados, si los hay– cautivan más allá de lo singular en la vida amorosa de los sujetos? Y en especial: ¿qué se ha hecho con la educación después de la experiencias de Aus- chwitz y las masacres posteriores?, ¿adónde debería tender(nos) cuando los bordes en el amor resisten y el brillo seduce, impiadoso? De otra manera: ¿cómo eludir las trampas del Todo, de lo absoluto, del círculo perfecto? Es ahí donde los bordes encuentran su sitio, los bordes en el amor y en el espejo, su compleja relación. Entonces, eludir las tram- pas del círculo perfecto lleva a la interrogación sobre qué es estar adver- tidos ante ciertos amores o amores-borde e ideales. Y cómo es que, aún hoy, la imagen seduce, fascina, hipnotiza más allá e independientemen- te de los lazos amorosos de los sujetos. Quiero decir, más allá de lo que esos personajes construyen en torno al amor, como si un amor que invita a lo nuevo, que instaura otra temporalidad, fuera también incapaz de ope- rar como barrera ante el poder de la imagen. 